viernes, 23 de mayo de 2014

Turismo sexual: ¿De qué se trata?


© Depositphotos.com/Smithore

Parece que el turismo sexual está de moda últimamente. Esto no es algo nuevo, sino que comenzó hace décadas. En la actualidad podríamos hablar de un turismo sexual menos ético en relación a la prostitución y la trata de personas, pero también de otro más positivo relacionado con conocer gente y con la búsqueda de experiencias nuevas. 

Turismo sexual: ¿De qué se trata? 

Existen muchos tipos de turismo. En los últimos años ha habido una expansión en este concepto que ha creado distintos estilos de viajar según la intención que tenga el propio viajero. 

Así, por ejemplo, hoy conocemos el turismo rural, más centrado en el mundo de la naturaleza; el turismo gastronómico, si deseas viajar a lugares con una gran tradición en su comida; o incluso el turismo aventura, que acerca a la persona a actividades deportivas de riesgo. 

Y en este auge de los diferentes estilos de turismo sobresale uno por encima de los demás, sobre todo en cuestiones de legalidad y moralidad: el turismo sexual. 

¿Qué es? Se trata de viajar a un lugar con la única intención de tener relaciones sexuales. A simple vista no tendría por qué ser algo negativo o inmoral; el problema aparece cuando no se cumplen los derechos de las personas y se trata con un mundo totalmente inhumano. 

El sexo como negocio 

Ése es el caso de la prostitución, la trata de personas y el sexo con menores de edad. En diversos países, como algunos del sudeste asiático o Centroamérica, la ley no actúa frente a la explotación con menores, por lo que la prostitución infantil se convierte en un reclamo para algunos turistas que buscan relaciones sexuales con menores. 

Lo mismo ocurre con la prostitución con adultos en muchos otros países del mundo, en ocasiones aceptada y totalmente legal, con lo que el sexo se convierte en un negocio que no sólo trata con dinero, sino también con personas. 

Estos turistas buscan concretamente estos países en los que no existen penas para sus delitos, o donde la edad de consentimiento sexual es menor, en ocasiones escapando de su propio país con la intención de ocultarse. 

Ni qué decir tiene que todo lo relacionado con la explotación de personas con fines sexuales, a menudo a base de amenazas o chantajes, y sobre todo la negación de la ética y los derechos humanos, son cosas que hay que rechazar por completo. 

Muchas organizaciones se centran en la lucha contra este horrible negocio, pero tristemente aún hay mucho que hacer al respecto. 

No todo es negativo 

Está claro que este primer tipo de turismo sexual queda catalogado como inmoral, poco ético o incluso inhumano. Pero muchas personas realizan otro tipo de turismo sexual que nada tiene que ver con el primero. 

Se trata de aquellos turistas que viajan buscando países cuyos habitantes tienen unos rasgos que les resultan más atractivos, o a quienes les excitan los países con climas más calurosos y exóticos, o simplemente a quienes buscan más emoción y novedad en sus experiencias. 

Quizá no se trate de turismo sexual propiamente dicho, sino de una forma de viajar con la intención de conocer a gente nueva y tener la posibilidad de mantener relaciones sexuales en otros países y cumplir ciertas fantasías personales. 

Obviamente, esta forma de viajar en busca del sexo estaría totalmente en contra de los aspectos ilegales e inmorales anteriormente explicados. 

Si tu intención es buscar un turismo sexual como el primer caso, piensa en todo lo que eso significa y todo lo que contribuye a la negación de los derechos humanos. Quizá con eso se te quiten las ganas. 

Pero si buscas simplemente nuevas experiencias sexuales, dejando a un lado la ilegalidad e inmoralidad, no lo dudes. 

Por tanto, si te ves estancado en tus relaciones sexuales, quieres darles un gran cambio y eres de los que están abiertos a nuevas experiencias, plantéate esta nueva opción en tu vida.


Publicado en: Portal del Hombre
 

5 fantasías sexuales que deberías cumplir antes de morir


El imaginario de fantasías sexuales es casi infinito pero hay algunas experiencias que merecerían llevarse a la práctica, mientras todavía dispongamos de un cuerpo de carne y hueso.

A veces no entender el idioma puede ser mejor. En la imagen, un fotograma de 'Vicky Cristina Barcelona'.
Foto: Everett Collectio


1. Hacer un trío 

“Podíamos haber tenido más sexo, pero no había gente suficiente”, dijo en una ocasión Woody Allen que, en otro momento, añadió “el sexo entre dos es algo hermoso, pero entre cinco es fantástico”. Hacer un trío es una de las fantasías sexuales más comunes entre hombres y mujeres. Una consecuencia lógica para cualquier mente mínimamente inquieta y con ganas de darle la vuelta a las cosas, que puede fácilmente preguntarse cómo será el sexo con la introducción de un tercer personaje. En las parejas de larga duración y con cierta curiosidad erótica, la perspectiva de un trío aparece antes o después, debido al hecho de que el número dos, que generalmente se aburre solo, tiende siempre a expandirse. Tras un cierto tiempo, la pareja tiene hijos, sobrinos, perros, gatos o nuevos compañeros de cama. Existen un sinfín de artículos que avisan de las reglas a establecer a la hora de hacer un trío. Yo solo soy partidaria de dos básicas: sexo seguro –preservativo– y evitar hacerlo con alguien al que nos unan ciertos vínculos afectivos. Lo demás se verá sobre la marcha, puesto que reglas y prohibiciones tenemos ya de sobra. 

Están también los apocalípticos de este tipo de prácticas, que predicen un futuro de caos y destrucción y el fin irremediable de la pareja, en el caso de que la haya. Créanme, a la mañana siguiente el aire sigue siendo respirable y la Tierra gira en su misma órbita. Y si la experiencia ha sido gratificante, el paso siguiente es incluir a más individuos en la relación. Los swingers sostienen que el sexo en grupo nunca ha hecho que un mal matrimonio sea bueno, pero sí ha conseguido que un buen matrimonio sea mejor, además de ser un amplificador de las sensaciones que se tienen cuando se mantienen relaciones con una sola persona y además, según ellos, nos enseña complicidad y tolerancia. 

2. Probar con una persona de tu mismo sexo 

En el sexo, como en todos los ámbitos de la vida, uno puede ir en plan turista, buscando principalmente la seguridad, el confort y la ausencia de problemas, o hacerlo a la manera de los viajeros, donde la incertidumbre, la incomodidad, el polvo y los imprevistos están a la orden del día, pero también las experiencias más vivas y menos artificiales. Los que elijan el camino cuesta arriba llegarán más cansados, pero tendrán también mejores vistas, una vez alcanzada la cima. Si entendemos la sexualidad como un viaje y no como una excursión organizada, es muy probable que, en algún momento de nuestras vidas, nos preguntemos qué hay detrás de la valla de la heterosexualidad y queramos probar una experiencia con alguien del mismo sexo. Según un artículo del Huffington Post titulado 11 Cosas que siempre quiso saber sobre el sexo lésbico y nunca se atrevió a preguntar, el 80% de las mujeres heterosexuales ha tenido fantasías lésbicas. 

Muchas que quisieran poner en práctica esta idea contarían con la aprobación de su pareja, a la que generalmente le pone pensar en su novia haciéndoselo con otra chica –¿cuántas mujeres aprobarían que su novio se lo hiciera con otro hombre?–. Además, casi todos podemos imaginar y predecir lo que va a ocurrir en una relación sexual hombre-mujer, incluso hombre-hombre, pero es más complicado visualizar lo que pasa entre dos mujeres, si una no lo ha experimentado antes. Lo único predecible es que la lengua, manos e imaginación serán, en principio, las armas disponibles para reemplazar al omnipresente falo. Hace años escribí un artículo sobre amor entre mujeres y hablé con muchas. Algunas eran homosexuales puras, otras bisexuales y otras habían pasado por épocas heteras u homo, alternativamente. Pero recuerdo que dos de las que habían mantenido relaciones con hombres me comentaron que tuvieron su primer orgasmo con el sexo lésbico, que les aportó una considerable dosis de sensualidad y les ayudó a conocer a fondo el cuerpo femenino. 

3. Practicar el sexo con alguien que no hable ni una sola palabra de tu idioma. 

Durante años hemos escuchado el mantra de que la comunicación es la base de una buena relación, pero no todo el mundo está de acuerdo con eso. Por lo pronto, la psicóloga norteamericana Sue Johnson, especializada en la terapia focalizada en las emociones, lo que los anglosajones llaman ETF (Emotionally Focused Therapy), y autora del libro Abrázame fuerte: Siete conversaciones para un amor duradero (Urano, 2009) sostiene que los cimientos para una buena armonía en la pareja pasan por establecer una conexión emocional segura y fortalecer el vínculo afectivo. Johnson describe en su obra cómo en sus inicios como terapeuta de parejas se dio cuenta de que éstas no querían ser razonables y que el amor tenía más que ver con cosas no negociables ni lógicas que con argumentos intelectuales. 

Las emociones pueden expresarse de palabra, pero parece que no es tan importante lo que se dice sino cómo se dice y, de la misma forma que a los bebés no solo hay que comunicarles que se les quiere sino que es más importante abrazarlos, tocarlos, jugar con ellos y demostrarles nuestro afecto, más con hechos que con palabras, lo mismo nos ocurre a los adultos. 

En un artículo de 2forcouples.com, titulado Lovers who speek different languages (literally), el escritor canadiense Mark Moyes relataba sus experiencias cuando fue a vivir un tiempo a Japón y conoció a una japonesa con la que intimó. El completo desconocimiento de la lengua del otro, convirtió la relación de pareja en una película muda o, como mucho, en una de Tarzán en la que los diálogos se reducían a la frase “yo Tarzán, tu Jane”, pero la falta de entendimiento, lejos de ser un impedimento para la relación o para el sexo, como reconoce Moyes, fue más bien una ventaja. El escritor aprendió mucho sobre comunicación no verbal y, como cuenta en el artículo, “el amor y sus más primitivos elementos: actitud protectora, ternura, intimidad… crecen más rápido cuando uno no puede protegerse detrás de las palabras. Cuando solo eres algo”. 

Cuando no hay vocabulario, hay que recurrir a otro lenguaje, generalmente más rico y que todos conocemos, y que describe mucho mejor nuestras emociones. ¿Necesitan los dueños de perros, gatos u otras mascotas, una lengua para comunicarse con sus amigos más fieles? Yo más bien pienso que si los animales y los humanos tuvieran un lenguaje común, desaparecería toda la magia y la grandiosidad que existe entre un hombre y su perro. 

4. Explorar el sexo tántrico 

Hace cientos de años los tántricos desarrollaron su doctrina para adquirir un mayor nivel de consciencia y se valieron del sexo porque estaban convencidos de que la sexualidad es la mayor fuente de energía de que dispone el ser humano. Hoy en día, la palabra tantra nos remite automáticamente a la idea de una serie de prácticas sexuales para retrasar la eyaculación y potenciar el orgasmo. “Es lo que se llama neotantra. Una visión parcial de esta filosofía encaminada a mejorar las relaciones sexuales, aunque sus efectos llegan a todos los ámbitos de la vida. Es lo que ocurre con el yoga. Uno puede querer empezar a practicarlo para sentirse más flexible pero sus consecuencias van mucho más allá”, comenta Munindra, maestro tántrico que imparte clases en España en su escuela Tantraway 

Según Munindra, “la sexualidad que habitualmente tenemos es bastante inconsciente y, aunque aprendamos cosas nuevas, ésta se rige habitualmente por un patrón demasiado mecánico. Con el tantra podemos hacer que se vuelva algo más consciente, lo que hará que disfrutemos más de ella y que además, a través de nuestras relaciones sexuales podamos empezar a descubrir cosas y crecer en otros ámbitos de nuestra existencia”. 

“Muchos de los ejercicios que proponen ahora los sexólogos para mejorar la calidad de las relaciones vienen del yoga o del tantra”, asegura este maestro, “y la mayoría son prácticas sencillas de respiración o control de los músculos pélvicos. En el tantra, como en el yoga, uno elige el nivel en el que quiere trabajar. No hace falta hacerse vegetariano ni retirarse a un ashram para empezar a disfrutar de sus beneficios. Y que nadie piense que los tántricos eran un puñado de gente aburrida que quería retirarse del mundo. Al contrario, lo que ellos pretendían eran ser más conscientes de todo lo que ocurría a su alrededor”. 

5. Tener una aventura 

Antes que nada aclararé que mi idea de amante se corresponde con la de una persona a la que se ve casi exclusivamente para tener sexo y con el que nos une un vínculo puramente sexual; no hace falta tener pareja para tener un amante, se puede hacer perfectamente estando soltero. Lo interesante de esta propuesta es el hecho de relacionarse con alguien por motivos estrictamente sexuales, sin ánimo de lucro y cuyo fin primordial es rendir culto a la lujuria. 

Un compañero sexual sin compromiso con el que explorar las diferentes facetas de la sexualidad es un perfecto entrenamiento para crecer en este ámbito, además de proporcionar una sensación de aventura gracias a los encuentros en lugares poco comunes, la puesta en práctica de nuevas posturas, las visitas imprevistas a altas horas de la madrugada y demás ideas que vayan surgiendo por ambas partes. 

“El amor es el ingrediente secreto del sexo”, le decía una amiga a la protagonista de Nymphomaniac. Cierto, pero también es verdad que muchas veces el amor, o esa equivocada idea que a menudo se tiene del enamoramiento, nos ha impedido disfrutar del sexo todo lo que deberíamos, probablemente fijando la atención, única y exclusivamente, en satisfacer al otro. 

En un artículo de Suzanne Braun Lavine titulado 8 Reasons why sex is better after 50 dedicado a las mujeres, la autora enumera en segundo lugar que “se puede separar el sexo del amor”. En este apartado Suzanne subraya cómo “antes de los 50, la mayor parte de las mujeres invierte muchos años en mitos románticos –como unir sexo, matrimonio y amor–, pero cuando se entra en la segunda edad adulta, la experiencia y la independencia que traen los años hace que muchas mujeres empiecen a separar sexo de compromiso, lo que les hace diseñar a su gusto sus encuentros sexuales, ya sea con conocidos, amantes o amigos con derecho a roce y disfrutar de su sexualidad, sin más”. La buena noticia es que con un amante no hay que esperar a cumplir esa edad. 


Escrito por: Rita Abundancia
Publicado en: El País
 

sábado, 10 de mayo de 2014

IV Especialista en Terapia Sexual.

Psicologos Badajoz. Tlf 924030875: IV Especialista en Terapia Sexual. Por Psicólogos ...:






Se abre el periodo de matriculación del IV Especialista en Terapia Sexual (350H). Una acción formativa organizada por el Instituto de Psicología y Sexología con dos modalidades: Semipresencial y No Presencial.

Leer más aquí:
IV Especialistas en Terapia Sexual


sábado, 5 de abril de 2014

Aftersex, la nueva moda entre los jóvenes


La cultura del narcisismo contemporáneo


Autofoto después de mantener sexo (selfie aftersex) colgada en la red social Instagram por uno de sus usuarios.

La moda de los selfies aftersex, nacida hace escasas semanas en EEUU, ya ha tenido su réplica en casi todos los rincones del planeta. Se trata de una autofoto realizada tras haber mantenido relaciones sexuales, y que luego se comparte en las redes sociales, principalmente Instagram. Para los usuarios que cuelgan estos particulares selfies no va más allá que una costumbre como puede ser la del cigarrillo postcoital, aunque para los pocos psicólogos que, debido a la novedad de este fenómeno, se han acercado a ellos como objeto de estudio, coinciden en relacionarlo con un narcisismo de carácter patológico. 

La frecuencia con la que se cuelgan fotos en las redes sociales es proporcional al grado de narcisismo de cada uno, según un estudio de psicología social citado por Yves Michaud en su ensayo El narcisismo y sus avatares, publicado el pasado mes de marzo por Grasset. Sin embargo, no puede entenderse esta egolatría en los parámetros de antaño, sino en un contexto en el que la tecnología proporciona una multitud de espejos en los que mirarse y mostrarse a los demás, matiza el filósofo francés, autor de numerosas obras sobre estética y filosofía política.

La necesidad “loca” de exhibicionismo no tiene barreras hoy en día, ni siquiera en lo referente a cuestiones de la esfera más íntima, como el sexo, y es en este punto en el que se enmarcan los selfies aftersex. “Mostrar la vida sexual es un fenómeno generalizado hoy en día, nadie se siente escandalizado por ello y, a todas luces, revela una personalidad vacía”, añade Michaud. Para los menos atrevido existe también la modalidad aftersexhair, que como su propio nombre indica, consiste en mostrar el peinado, o más bien despeinado, que se luce tras una relación sexual. 

De la necesidad de compartir a la adicción por exhibir 

El filósofo Michel Foucault teorizaba los encuentros sexuales desde una perspectiva bien distinta y menos banal que la actual: "el sexo es aquello por lo que cada uno tiene que pasar para acceder a la totalidad de su cuerpo (alma) y de su identidad". Una descripción totalmente alejada de la realidad contemporánea, pues la identidad se refleja únicamente en el hecho de compartirla, no ya a la hora del café o tomando una cerveza con las personas más allegadas, sino con esa tropa de admiradores anónimos, o “amigos”, como se denominan en las redes sociales. 

El compartir ha dado paso al exhibicionismo, lo que pone de manifiesto el placer porque nos mire. Una necesidad de reconocimiento, que ni siquiera es grupal, y que caracteriza a las personas con una “personalidad débil, tremendamente inconsistente”, según Michaud. Un reconocimiento, lógicamente, superficial y que, además, es adictivo y, en ocasiones, hasta perverso. La multiplicidad de medios tecnológicos a nuestra disposición es indisociable de esta cultura narcisista contemporánea. 

El afán por mostrarse (“mira con quien me he acostado”, “estoy encantado”, “hemos tenido una noche loca”, por poner sólo algunos ejemplos), suele reflejar, en realidad, justo lo contrario a lo que se revela. Como explicaba en esta entrevista la periodista y escritora sueca Carina Bergfeldt, en Facebook se trasmite “la falsa percepción de que todo en nuestras vidas es bonito, cuando en realidad pasamos por una situación difícil”. 

Las consecuencias psíquicas del narcisismo patológico 

Cuanto peor sea el momento por el que estamos pasando, asegura Bergfeldt, más fotos colgaremos sonriendo y figurando que estamos pasándonoslo bien. Como dice el refrán: “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. Y la sabiduría popular rara vez se equivoca. 

La sociedad está mutando, las nuevas generaciones ya lo han hecho al amparo de la cobertura tecnológica que permite hinchar su ego, y las consecuencias se plasman en una menor capacidad emocional, relacional e, incluso, amorosa. Una triste paradoja. Cuanto más conectados estamos con los demás más nos alejamos de ellos y más nos imbuimos en nosotros mismos. 

El sexólogo Severio Tomasella, autor de Los amores imposibles, asocia esta nueva cultura con las crecientes dificultades de las parejas para establecer vínculos amorosos fuertes y duraderos. Pese a los cientos de “amigos” que se tienen en este tipo de redes, los lazos sociales son cada vez más débiles.

El efímero mundo de las redes sociales ha provocado que las relaciones se virtualicen, lo que también implica que se desvirtúen, por lo que “mucha gente descarga todas sus necesidades afectivas en una sola persona, la pareja”, explica el sexólogo galo. Como consecuencia de esta realidad, “cuando las cosas van mal, la separación es la salida más frecuente”, añade Tomasella. 

Sin límites a la intimidad 

Una incapacidad para superar los baches que, añade el sexólogo galo, antes era menor porque pasar tiempo con otras personas y tener un grupo de apoyo afectivo fuera de la pareja hacían todo más soportable. En esta línea, se explica el fenómeno del aumento de rupturas e infidelidades durante períodos vacacionales, en los que las parejas suelen convivir en solitario 24 horas al día. 

Sin duda, la tecnología, las redes y la interconexión permanente cuentan con una gran potencialidad para mejorar la eficiencia, propiciar la participación política, aumentar las habilidades personales y el conocimiento o desarrollar la inteligencia colectiva. Sin embargo, las tecnologías no son buenas o malas por sí mismas, sino que este juicio depende del uso que de ellas se haga. 

Para algunos psicólogos que se afanaron en analizar el famoso selfie de Ellen DeGeneres con los actores nominados a los Oscar, que eclipsó informativamente cualquier otro aspecto de la gala, esta moda puede ser una saludable práctica para los jóvenes más tímidos a los que normalmente les cuesta expresarse. Pero los aftersex o los aftersexhair han ido mucho más lejos. Y esto no ha hecho más que empezar. Una nueva cultura está en ciernes.


Autor: Ivan Gil
Fuente: El Confidencial

viernes, 14 de febrero de 2014

¿Cual es la diferencia entre sexo normal y sexo tántrico?



Hay dos tipos de clímax, dos tipos de orgasmo. Uno ya lo conoces. Llegas a la cúspide de la excitación y no puedes ir más lejos: ha llegado el final. La excitación alcanza un punto donde ya no es voluntaria. La energía te invade y sale. Te descargas, te aligeras. Expulsas la carga; puedes relajarte y dormir. Lo estás usando como si fuese un tranquilizante. 

Tu acto sexual y el acto sexual tántrico son básicamente diferentes. Tu acto sexual es para descargar; es como un buen estornudo. Expulsas la energía y aligeras el peso. Es destructivo, no es creativo. Es bueno, es terapéutico. Te ayuda a relajarte, pero nada más. 

El acto sexual tántrico es, básicamente, diametralmente opuesto y diferente. No se hace para descargar. Se hace para permanecer en el acto sin eyacular, sin expulsar toda la energía; para fundirse en el acto: al principio del acto, no al final. Esto transforma la cualidad, en conjunto, la cualidad es diferente. Intenta comprender estas dos cosas. 

Hay dos tipos de clímax, dos tipos de orgasmo. Uno ya lo conoces. Llegas a la cúspide de la excitación y no puedes ir más lejos: ha llegado el final. La excitación alcanza un punto donde ya no es voluntaria. La energía te invade y sale. Te descargas, te aligeras. Expulsas la carga; puedes relajarte y dormir. Lo estás usando como si fuese un tranquilizante. 

Es un tranquilizante natural: le seguirá un buen descanso, siempre que tu mente no esté agobiada por la religión. En ese caso, se destruye incluso el efecto tranquilizante. Si tu mente no está agobiada por la religión, el sexo podrá ser tranquilizante. Si te siente s culpable, hasta tu sueño se alterará. Te sentirás deprimido, empezarás a descalificarte y a jurar que ya no volverás a gozar. Después tu sueño se convertirá en una pesadilla. Si eres un ser natural y no estás demasiado agobiado por la religión y la moralidad, entonces podrás usar el sexo como un tranquilizante. Este es un tipo de orgasmo: llegar a la cúspide de la excitación. 

El tantra se basa en otro tipo de orgasmo. Si llamamos al primero un orgasmo cúspide, el orgasmo tántrico se podrá llamar orgasmo valle. En él no llegas a la cúspide de la excitación sino al valle más profundo de la relajación. Al principio, la excitación es necesaria para ambos. Por eso digo que al principio son iguales pero los finales son completamente diferentes. 

La excitación se usa para ambos: tanto si vas a la cúspide de la excitación como si vas al valle de la relajación. Para el primero, la excitación tiene que ser intensa, cada vez más intensa. Tienes que desarrollarte en él, tienes que ayudarlo a crecer hasta la cúspide. En el segundo, la excitación sólo es el principio. Después, una vez que el hombre ha penetrado, el amante y la amada se pueden relajar. No es necesario hacer ningún movimiento. Se pueden relajar en un abrazo cariñoso. Si el hombre o la mujer sienten que se va a perder la erección, sólo entonces se precisa movimiento. Pero después te vuelves a relajar. Puedes prolongar este profundo abrazo durante horas sin eyacular, y después los dos podéis dormir juntos profundamente. Esto -esto- es un orgasmo valle. Los dos están relajados y se encuentran dos seres relajados. 

En el orgasmo sexual corriente se encuentran dos seres excitados, tensos, llenos de excitación, intentando descargarse. El orgasmo sexual corriente parece una locura; el orgasmo tántrico es una meditación profunda, relajante. Quizá no os hayáis dado cuenta pero el hecho de que el hombre y la mujer sean fuerzas opuestas es biológico, bioenergético. Negativo-positivo, ying-yang o como quieras llamarlo, se excitan el uno al otro. Y cuando se encuentran en una meditación profunda se revitalizan. Ambos se revitalizan, se vuelven generadores, se sienten más vivos, están radiantes de nueva energía y no se pierde nada. Basta con encontrarte con el polo opuesto para que la energía se renueve. 

El acto sexual tántrico se puede repetir todas las veces que quieras. El acto sexual corriente no se puede repetir todas las veces que quieras porque pierdes energía, y tu cuerpo tendrá que esperar para volver a recuperarla. Y cuando la recuperes, la volverás a perder. Parece absurdo. Desperdiciar toda la vida en ganarla y perderla, ganarla y perderla: es como una obsesión. Lo segundo que hay que tener en cuenta es que tal vez lo hayas observado o tal vez no pero si te fijas, los animales nunca disfrutan del sexo. No disfrutan durante el coito. Fijaos en los babuinos, los monos, los perros o cualquier tipo de animal. Durante el acto sexual no están felices ni disfrutando, ¡no lo parece! Parece más un acto mecánico; es como si una fuerza natural les impulsara a hacerlo. Si alguna vez has visto a los monos durante el coito habrás visto que al terminar se separan. Si te fijas en sus caras no están extáticos, es como si no hubiese sucedido nada. Cuando la energía lo requiere, cuando es excesiva, la expulsan. El acto sexual corriente es exactamente así, pero los moralistas han estado diciendo lo contrario. Dicen: «No te abandones, no “disfrutes”.» Dicen: «Esto es lo que hacen los animales.» ¡No es cierto! Los animales jamás disfrutan; sólo el hombre puede disfrutar. Y cuanto más profundamente puedas disfrutar, más elevada será la humanidad resultante. Si tu acto sexual se puede convertir en un acto meditativo, extático, alcanzarás lo más elevado. Pero no te olvides del tantra: es un orgasmo valle, no una experiencia cumbre. ¡Es una experiencia valle! 

En Occidente, Abraham Maslow ha hecho muy famoso el término experiencia cumbre. Vas hacia la cumbre a través de la excitación y después caes. Por eso sientes una caída después del acto sexual. Es natural: estás cayéndote desde la cumbre. Jamás sentirás eso después de una experiencia de amor tántrico. Entonces no caerás. No puedes caerte porque estás en el valle, mejor dicho, estás ascendiendo. 

Después de un acto sexual tántrico, no has caído sino que has ascendido. Te sientes cargado de energía, más vital, más vivo, radiante. Ese éxtasis puede durar horas, incluso días. Sólo depende de la profundidad con que lo hayas realizado. Si empiezas a practicarlo, antes o después te darás cuenta que la eyaculación es una pérdida de energía. No es necesaria, a menos que necesites tener niños. Y con un acto sexual tántrico te sentirás profundamente relajado durante todo el día. Basta una sola experiencia tántrica para que te sientas relajado durante varios días, cómodo, en casa, no violento, no enfadado, no deprimido. 

Una persona así no puede ser un peligro para los demás. Si puede, ayudará a los demás a ser felices. Si no puede, al menos no hará infeliz a nadie. Solamente el tantra puede crear un nuevo hombre, y entonces crecerá el hombre que pueda conocer la eternidad, el no egocentrismo y la no dualidad con la existencia.

Publicado en: Sexlecciones
 

jueves, 13 de febrero de 2014

Merrymount: La colonia de la alegria




Los rumores del escándalo se diseminaron por Merrymount, incluyendo acusaciones de que se producían encuentros sexuales inmorales con mujeres nativas durante lo que se interpretaba como orgías paganas emborrachadas en honor de Baco y Afrodita. O como escribió con horror el gobernador puritano William Bradford en su historia Of Plymouth Plantation: "Ellos ... plantaron un May-pole, bebiendo y bailando a su alrededor juntos durante muchos días, invitando a las mujeres indígenas, a guisa de consortes, bailando y rozándose mutuamente y prácticas aún cosas más terribles. Como si hubieran revivido las fiestas de la diosa romana Flora, o las prácticas bestiales de las desenfrenadas Bacanales." En honor a la verdad Morton se había limitado a transplantar el May Day tradicional del West Country a la colonia, y combinarlo con un mito clásico apropiado, adobado de acuerdo a sus propios gustos libertinos, y potenciado por el entusiasmo de sus compañeros colonizados recientemente liberados.

Más información sobre el tema en: Wikipedia en ingles 
 

"El clítoris y sus secretos"

viernes, 7 de febrero de 2014

Fantasías sensuales




Las fantasías sexuales son representaciones mentales creadas por el inconsciente teniendo como tema principal las relaciones sexuales. Freud las definió como "representaciones no destinadas a ejecutarse". Se producen de forma voluntaria o involuntaria en nuestra mente. Si bien las fantasías sexuales son poco comentadas con otras personas, o no mencionadas en absoluto, son bastante comunes. Éstas comienzan con la pubertad y suelen acompañar al ser humano durante toda su existencia. A pesar de la popular creencia de que el varón es el que tienen mayor actividad sexual y por consiguiente más fantasías sexuales, se ha probado que hombre y mujeres fantasean al mismo nivel, solo que en diferente forma. Al encontrarse en nuestra imaginación, las fantasías sexuales pueden perder el efecto estimulante que tienen en caso de llevarse a la práctica.

sábado, 1 de febrero de 2014

Cuántas parejas has de tener antes de sentar la cabeza




Irse de picos pardos, monear, coquetear, ponerse el mundo por montera, ser un pendón, un juerguista, ir de cama en cama, de flor en flor, de puerto en puerto. Locuras, delirios, travesuras, escarceos de la juventud. Todos esos términos podrían traducir, según el contexto, lo que en inglés se dice to sow one wild’s oats, expresión que hace referencia a los comportamientos impulsivos y promiscuos que se adoptan en la juventud antes de sentar la cabeza.  

Douglas T. Kenrick, profesor de psicología social en la Arizona State University, reflexiona sobre los distintos matices que esta actitud ha ido tomando a lo largo de los años, a raíz de un artículo publicado recientemente en Personal Relationships. 

¿Un cumplido o un insulto? 

Efectivamente, cabe preguntarse si esa actitud juvenil suele ser referida como algo positivo o negativo. Kenrick, a partir del citado artículo elaborado por Dean M. Busby, observa cómo inicialmente esas expresiones tenían una connotación negativa. Cabe añadir que, al menos en España, era mucho más negativa si se hablaba de mujeres que si se hablaba de hombres. Pero, en general, andar por ahí de picos pardos, de una cosa a la otra, en un constante picoteo juvenil no auguraba nada bueno: o bien eras fulana o no eras un hombre de provecho. 

No obstante, Kenrick apunta que el comportamiento se vislumbra de manera positiva, ya que se considera casi necesario para la juventud el disfrutar de una cierta promiscuidad y de comportamientos impulsivos y hedonistas antes de sentar la cabeza y adquirir responsabilidades y compromisos adultos. 

Dos visiones psicológicas 

Busby y sus compañeros señalan lo que resume Kenrick como dos interpretaciones distintas, dos teorías psicológicas opuestas sobre los efectos de la promiscuidad premarital. 

Por un lado, se considera que la experiencia sexual previa es útil, ya que los encuentros anteriores le otorgan a la pareja un marco de referencia según el cual juzgar la compatibilidad entre ambos. Por otro lado, se observa que las relaciones estables son mejores cuando hay exclusividad sexual. Se ve a estas personas más capaces de basar su compromiso en la valoración cuidadosa de su compenetración con la otra persona, en lugar de verse influidos por el cóctel hormonal que suele acompañar al sexo. 

Para probarlo, los investigadores recopilaron datos de 2.659 personas que respondieron a diferentes preguntas sobre su edad, su educación, su religiosidad y la duración, la estabilidad y la satisfacción de su relación vigente. Además, unificaron todos estos aspectos bajo una pregunta que ellos consideraban clave: “¿Con cuánta gente has tenido relaciones sexuales hasta la fecha, incluyendo tu pareja actual?”. 

Según los resultados, un mayor número de parejas sexuales implicaba relaciones menos estables y también menos satisfactorias. 

Posibles interpretaciones 

Hay varias explicaciones plausibles para estos resultados, explica Kenrick. Se puede considerar, simplemente, que la promiscuidad es directamente nociva para una relación estable. Las relaciones cortas pueden llevarnos a sobrevalorar los placeres sexuales, que suelen ser más intensos en la fase inicial. O quizás pueden hacernos pensar que encontrar a otra pareja será sencillo, por lo que abandonamos en cuanto la cosa se pone complicada. No obstante, no es ésta la única interpretación posible. 

La personalidad, por supuesto, también influye. Normalmente, alguien que ha tenido muchas experiencias sexuales es más extrovertido o simplemente más atractivo para el sexo contrario que alguien que ha sido menos promiscuo. Las habilidades sociales, la seguridad, la capacidad para socializar… Todo ello influye, y poco tiene que ver con una concepción más o menos ética de si “irse de picos pardos” está bien o está mal. Es decir, en muchas ocasiones quien no ha sido promiscuo no lo ha sido porque no ha podido (por su carácter, por su situación), no porque no haya querido. Del mismo modo, hay quien pudiendo no se ha visto atraído por la constante sustitución de sus interlocutores sexuales y, aunque las imposiciones sociales nos digan lo contrario, tampoco parece que haya nada malo en no tener sexo si a uno no le apetece. 

También alude Kenrick al hecho de que puede haber gente que tenga numerosas parejas debido a que nadie se quede enganchado a ellos, y en tal caso la promiscuidad es más una maldición que un comportamiento buscado. 

En general, Kenrick considera que el número de parejas previas a la relación actual tiene muy poca influencia en ésta. La satisfacción y la estabilidad de una relación depende más de la personalidad, la situación, los objetivos de ambas personas… que de cómo se hayan desenvuelto éstas en relaciones previas (lo cual dice, a menudo, muy poco de cómo es uno realmente: recordemos que el sexo es cada vez más social y que no hay quien no actúe en parte movido por la presión de sus pares). No parece raro que la conclusión no se desprenda directamente de los resultados del sondeo porque, precisamente porque la promiscuidad es vista como algo a veces negativo y a veces positivo, ¡cuántos de los encuestados no sumarían o restarían participantes a su lista –¿la llevarán escrita en la cartera?— de pasados amantes!

Escrito por: Marta Jiménez Serrano y publicado en: El Confidencial