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viernes, 23 de mayo de 2014

5 fantasías sexuales que deberías cumplir antes de morir


El imaginario de fantasías sexuales es casi infinito pero hay algunas experiencias que merecerían llevarse a la práctica, mientras todavía dispongamos de un cuerpo de carne y hueso.

A veces no entender el idioma puede ser mejor. En la imagen, un fotograma de 'Vicky Cristina Barcelona'.
Foto: Everett Collectio


1. Hacer un trío 

“Podíamos haber tenido más sexo, pero no había gente suficiente”, dijo en una ocasión Woody Allen que, en otro momento, añadió “el sexo entre dos es algo hermoso, pero entre cinco es fantástico”. Hacer un trío es una de las fantasías sexuales más comunes entre hombres y mujeres. Una consecuencia lógica para cualquier mente mínimamente inquieta y con ganas de darle la vuelta a las cosas, que puede fácilmente preguntarse cómo será el sexo con la introducción de un tercer personaje. En las parejas de larga duración y con cierta curiosidad erótica, la perspectiva de un trío aparece antes o después, debido al hecho de que el número dos, que generalmente se aburre solo, tiende siempre a expandirse. Tras un cierto tiempo, la pareja tiene hijos, sobrinos, perros, gatos o nuevos compañeros de cama. Existen un sinfín de artículos que avisan de las reglas a establecer a la hora de hacer un trío. Yo solo soy partidaria de dos básicas: sexo seguro –preservativo– y evitar hacerlo con alguien al que nos unan ciertos vínculos afectivos. Lo demás se verá sobre la marcha, puesto que reglas y prohibiciones tenemos ya de sobra. 

Están también los apocalípticos de este tipo de prácticas, que predicen un futuro de caos y destrucción y el fin irremediable de la pareja, en el caso de que la haya. Créanme, a la mañana siguiente el aire sigue siendo respirable y la Tierra gira en su misma órbita. Y si la experiencia ha sido gratificante, el paso siguiente es incluir a más individuos en la relación. Los swingers sostienen que el sexo en grupo nunca ha hecho que un mal matrimonio sea bueno, pero sí ha conseguido que un buen matrimonio sea mejor, además de ser un amplificador de las sensaciones que se tienen cuando se mantienen relaciones con una sola persona y además, según ellos, nos enseña complicidad y tolerancia. 

2. Probar con una persona de tu mismo sexo 

En el sexo, como en todos los ámbitos de la vida, uno puede ir en plan turista, buscando principalmente la seguridad, el confort y la ausencia de problemas, o hacerlo a la manera de los viajeros, donde la incertidumbre, la incomodidad, el polvo y los imprevistos están a la orden del día, pero también las experiencias más vivas y menos artificiales. Los que elijan el camino cuesta arriba llegarán más cansados, pero tendrán también mejores vistas, una vez alcanzada la cima. Si entendemos la sexualidad como un viaje y no como una excursión organizada, es muy probable que, en algún momento de nuestras vidas, nos preguntemos qué hay detrás de la valla de la heterosexualidad y queramos probar una experiencia con alguien del mismo sexo. Según un artículo del Huffington Post titulado 11 Cosas que siempre quiso saber sobre el sexo lésbico y nunca se atrevió a preguntar, el 80% de las mujeres heterosexuales ha tenido fantasías lésbicas. 

Muchas que quisieran poner en práctica esta idea contarían con la aprobación de su pareja, a la que generalmente le pone pensar en su novia haciéndoselo con otra chica –¿cuántas mujeres aprobarían que su novio se lo hiciera con otro hombre?–. Además, casi todos podemos imaginar y predecir lo que va a ocurrir en una relación sexual hombre-mujer, incluso hombre-hombre, pero es más complicado visualizar lo que pasa entre dos mujeres, si una no lo ha experimentado antes. Lo único predecible es que la lengua, manos e imaginación serán, en principio, las armas disponibles para reemplazar al omnipresente falo. Hace años escribí un artículo sobre amor entre mujeres y hablé con muchas. Algunas eran homosexuales puras, otras bisexuales y otras habían pasado por épocas heteras u homo, alternativamente. Pero recuerdo que dos de las que habían mantenido relaciones con hombres me comentaron que tuvieron su primer orgasmo con el sexo lésbico, que les aportó una considerable dosis de sensualidad y les ayudó a conocer a fondo el cuerpo femenino. 

3. Practicar el sexo con alguien que no hable ni una sola palabra de tu idioma. 

Durante años hemos escuchado el mantra de que la comunicación es la base de una buena relación, pero no todo el mundo está de acuerdo con eso. Por lo pronto, la psicóloga norteamericana Sue Johnson, especializada en la terapia focalizada en las emociones, lo que los anglosajones llaman ETF (Emotionally Focused Therapy), y autora del libro Abrázame fuerte: Siete conversaciones para un amor duradero (Urano, 2009) sostiene que los cimientos para una buena armonía en la pareja pasan por establecer una conexión emocional segura y fortalecer el vínculo afectivo. Johnson describe en su obra cómo en sus inicios como terapeuta de parejas se dio cuenta de que éstas no querían ser razonables y que el amor tenía más que ver con cosas no negociables ni lógicas que con argumentos intelectuales. 

Las emociones pueden expresarse de palabra, pero parece que no es tan importante lo que se dice sino cómo se dice y, de la misma forma que a los bebés no solo hay que comunicarles que se les quiere sino que es más importante abrazarlos, tocarlos, jugar con ellos y demostrarles nuestro afecto, más con hechos que con palabras, lo mismo nos ocurre a los adultos. 

En un artículo de 2forcouples.com, titulado Lovers who speek different languages (literally), el escritor canadiense Mark Moyes relataba sus experiencias cuando fue a vivir un tiempo a Japón y conoció a una japonesa con la que intimó. El completo desconocimiento de la lengua del otro, convirtió la relación de pareja en una película muda o, como mucho, en una de Tarzán en la que los diálogos se reducían a la frase “yo Tarzán, tu Jane”, pero la falta de entendimiento, lejos de ser un impedimento para la relación o para el sexo, como reconoce Moyes, fue más bien una ventaja. El escritor aprendió mucho sobre comunicación no verbal y, como cuenta en el artículo, “el amor y sus más primitivos elementos: actitud protectora, ternura, intimidad… crecen más rápido cuando uno no puede protegerse detrás de las palabras. Cuando solo eres algo”. 

Cuando no hay vocabulario, hay que recurrir a otro lenguaje, generalmente más rico y que todos conocemos, y que describe mucho mejor nuestras emociones. ¿Necesitan los dueños de perros, gatos u otras mascotas, una lengua para comunicarse con sus amigos más fieles? Yo más bien pienso que si los animales y los humanos tuvieran un lenguaje común, desaparecería toda la magia y la grandiosidad que existe entre un hombre y su perro. 

4. Explorar el sexo tántrico 

Hace cientos de años los tántricos desarrollaron su doctrina para adquirir un mayor nivel de consciencia y se valieron del sexo porque estaban convencidos de que la sexualidad es la mayor fuente de energía de que dispone el ser humano. Hoy en día, la palabra tantra nos remite automáticamente a la idea de una serie de prácticas sexuales para retrasar la eyaculación y potenciar el orgasmo. “Es lo que se llama neotantra. Una visión parcial de esta filosofía encaminada a mejorar las relaciones sexuales, aunque sus efectos llegan a todos los ámbitos de la vida. Es lo que ocurre con el yoga. Uno puede querer empezar a practicarlo para sentirse más flexible pero sus consecuencias van mucho más allá”, comenta Munindra, maestro tántrico que imparte clases en España en su escuela Tantraway 

Según Munindra, “la sexualidad que habitualmente tenemos es bastante inconsciente y, aunque aprendamos cosas nuevas, ésta se rige habitualmente por un patrón demasiado mecánico. Con el tantra podemos hacer que se vuelva algo más consciente, lo que hará que disfrutemos más de ella y que además, a través de nuestras relaciones sexuales podamos empezar a descubrir cosas y crecer en otros ámbitos de nuestra existencia”. 

“Muchos de los ejercicios que proponen ahora los sexólogos para mejorar la calidad de las relaciones vienen del yoga o del tantra”, asegura este maestro, “y la mayoría son prácticas sencillas de respiración o control de los músculos pélvicos. En el tantra, como en el yoga, uno elige el nivel en el que quiere trabajar. No hace falta hacerse vegetariano ni retirarse a un ashram para empezar a disfrutar de sus beneficios. Y que nadie piense que los tántricos eran un puñado de gente aburrida que quería retirarse del mundo. Al contrario, lo que ellos pretendían eran ser más conscientes de todo lo que ocurría a su alrededor”. 

5. Tener una aventura 

Antes que nada aclararé que mi idea de amante se corresponde con la de una persona a la que se ve casi exclusivamente para tener sexo y con el que nos une un vínculo puramente sexual; no hace falta tener pareja para tener un amante, se puede hacer perfectamente estando soltero. Lo interesante de esta propuesta es el hecho de relacionarse con alguien por motivos estrictamente sexuales, sin ánimo de lucro y cuyo fin primordial es rendir culto a la lujuria. 

Un compañero sexual sin compromiso con el que explorar las diferentes facetas de la sexualidad es un perfecto entrenamiento para crecer en este ámbito, además de proporcionar una sensación de aventura gracias a los encuentros en lugares poco comunes, la puesta en práctica de nuevas posturas, las visitas imprevistas a altas horas de la madrugada y demás ideas que vayan surgiendo por ambas partes. 

“El amor es el ingrediente secreto del sexo”, le decía una amiga a la protagonista de Nymphomaniac. Cierto, pero también es verdad que muchas veces el amor, o esa equivocada idea que a menudo se tiene del enamoramiento, nos ha impedido disfrutar del sexo todo lo que deberíamos, probablemente fijando la atención, única y exclusivamente, en satisfacer al otro. 

En un artículo de Suzanne Braun Lavine titulado 8 Reasons why sex is better after 50 dedicado a las mujeres, la autora enumera en segundo lugar que “se puede separar el sexo del amor”. En este apartado Suzanne subraya cómo “antes de los 50, la mayor parte de las mujeres invierte muchos años en mitos románticos –como unir sexo, matrimonio y amor–, pero cuando se entra en la segunda edad adulta, la experiencia y la independencia que traen los años hace que muchas mujeres empiecen a separar sexo de compromiso, lo que les hace diseñar a su gusto sus encuentros sexuales, ya sea con conocidos, amantes o amigos con derecho a roce y disfrutar de su sexualidad, sin más”. La buena noticia es que con un amante no hay que esperar a cumplir esa edad. 


Escrito por: Rita Abundancia
Publicado en: El País
 

viernes, 7 de febrero de 2014

Fantasías sensuales




Las fantasías sexuales son representaciones mentales creadas por el inconsciente teniendo como tema principal las relaciones sexuales. Freud las definió como "representaciones no destinadas a ejecutarse". Se producen de forma voluntaria o involuntaria en nuestra mente. Si bien las fantasías sexuales son poco comentadas con otras personas, o no mencionadas en absoluto, son bastante comunes. Éstas comienzan con la pubertad y suelen acompañar al ser humano durante toda su existencia. A pesar de la popular creencia de que el varón es el que tienen mayor actividad sexual y por consiguiente más fantasías sexuales, se ha probado que hombre y mujeres fantasean al mismo nivel, solo que en diferente forma. Al encontrarse en nuestra imaginación, las fantasías sexuales pueden perder el efecto estimulante que tienen en caso de llevarse a la práctica.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Un estudio demuestra que los hombres y las mujeres tienen las mismas fantasías sexuales

La encuesta de la Universidad de Granada
se ha realizado a 2250 españoles de 18 a 73 años.
Un estudio realizado en la Universidad de Granada ha demostrado que no existen diferencias significativas entre las fantasías sexuales que experimentan habitualmente los hombres y las mujeres, ya que ambos sexos fantasean con aspectos íntimos o románticos que involucran a la pareja o persona amada. Además, los hombres tienen más fantasías sexuales (positivas y negativas) que las mujeres, lo que confirmaría, a juicio de los investigadores, la vieja creencia de "ellos piensan más en el sexo que ellas". 

Para llevar a cabo esta investigación, sus autores trabajaron con una muestra formada por 2.250 españoles (49,6% hombres y 50,4% mujeres), con edades comprendidas entre 18 y 73 años y que mantenían una relación de pareja heterosexual de, al menos, 6 meses. Los científicos obtuvieron la información a través de una encuesta recogida de modo incidental, para lo que contaron con la participación de institutos provinciales de educación permanente de varias ciudades andaluzas, centros de educación de adultos, talleres de empleo, la Biblioteca Pública Municipal de Granada y varias facultades de la Universidad de Granada y Complutense de Madrid. 

Los resultados obtenidos indican que casi el 100% de hombres y mujeres ha experimentado alguna fantasía sexual de modo placentero y agradable a lo largo de su vida, y en torno el 80% de la muestra encuestada informa haber experimentado, al menos, una fantasía sexual de forma negativa o desagradable en algún momento. 

Diferencias por sexos 

Sin embargo, existen diferencias cuando se compara la frecuencia con que se tienen determinadas fantasías en ambos sexos. En concreto, los científicos observaron que las mujeres experimentan de modo agradable, con mayor frecuencia que los hombres, fantasías de tipo íntimo y romántico, teniendo estos pensamientos aproximadamente algunas veces al mes. Sin embargo, los hombres piensan con mayor frecuencia que ellas en actividades exploratorias, relacionadas con sexo en grupo o búsqueda de nuevas sensaciones, como “Ser promiscuo”, “Intercambio de parejas” o “Participar en una orgía”. La frecuencia de esta fantasía va desde “alguna vez en la vida” a “alguna vez al año”. 

Las fantasías sexuales que son experimentadas de un modo más desagradable o no placentero son las relacionadas con temas de sumisión sexual. En concreto, se encuentra que las mujeres piensan, de modo más frecuente que los hombres, en “Ser presionada a mantener relaciones sexuales”, teniendo este pensamiento alguna vez en la vida. Los hombres, sin embargo, tienen el pensamiento de participar en actividades homosexuales con una connotación negativa de modo más frecuente que las mujeres, experimentándose alguna vez en la vida. 

Los autores de este trabajo son los investigadores Nieves Moyano Muñoz y Juan Carlos Sierra Freire, del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Universidad de Granada, quienes han realizado el primer trabajo que aborda la evaluación de las fantasías sexuales como pensamientos positivos y negativos en España. Los resultados se publicarán en otoño en la revista “Anales de Psicología”. 

En la actualidad, pretenden estudiar si vivir las fantasías sexuales de un modo negativo o desagradable resulta disfuncional para el pleno desarrollo de determinadas conductas sexuales. Para ello, solicitan la colaboración de personas adultas (mayores de 18 años) que mantengan una relación de pareja de al menos 6 meses.

Para participar, sólo hay que contestar a una serie de preguntas, en las que se garantiza anonimato y la máxima confidencialidad.

La encuesta está disponible en el siguiente enlace: http://encuestasexualidad.ugr.me/ 

Los investigadores de la UGR advierten de que tener fantasías sexuales “favorece aspectos como el deseo o la excitación sexual, por lo que son un indicador de salud sexual”. En el marco de la terapia, creen que es necesario tener en cuenta, además de la presencia o ausencia de las fantasías, la actitud que presenta el paciente hacia éstas. 

Más información: www.ugr.es

lunes, 13 de junio de 2011

Fantasia de Role Playing


Si buscamos definiciones de fantasía sexual, encontramos una que dice: “Las fantasías sexuales son representaciones mentales imaginarias que estimulan y/ o acompañan los actos sexuales. Es una importante actividad erótica que permite trascender la limitada realidad, creando y economizando situaciones” que favorecen los deseos, sueños, esperanzas (Flores Colombino 1997). Pueden expresarse mediante imágenes exclusivamente, o mediante pensamientos o ambos. Según se mire, las fantasías sexuales son “malos pensamientos”, pues nuestra cultura occidental ha extendido el concepto de ‘pecado del acto’ al de ‘pecado del pensamiento’, en la medida que el fantasioso se complazca o se regodee en sus fantasías. En otras palabras, es una transgresión el aceptar esas imágenes y pensamientos como una actividad legítima, válida y útil. Pero la sexología clínica consagra a la fantasía sexual como un instrumento de tal validez, que sin ella es muy bajo o inexistente el deseo sexual.

martes, 23 de noviembre de 2010

ADÁN, EVA Y LA SERPIENTE

Artes plásticas: ADÁN, EVA Y LA SERPIENTE:

"Al final de esta entrada os ofrezco la magnífica conferencia que dió Guillermo Solana, director artístico del Museo de arte Thyssen Bornemiza..."

Richard Avedon.



Es la entrada de un blog sobre arte, pero a nosotros nos va a servir para ilustrar el tema de la fantasías eróticas y su evolución histórica. Si la cosa funciona es bastante probable que publiquemos algunas entradas más sobre arte sexual relacionado con las fantasías sexuales.

"El arte de la fantasía sexual"

domingo, 26 de septiembre de 2010

Fantasías sexuales más comunes entre las mujeres



Según algunos de los primeros estudios en sexología y psicología sexual las mujeres carecían de fantasías sexuales de la misma forma que se daba por supuesto que no tenían necesidades eróticas aparte del coito. Pero cuando se aceptó su autonomía sexual de la mujer, comenzó a estudiarse su capacidad fantaseadora con notables resulados. 

Las fantasías más comunes entre las mujeres, por orden de frecuencia son: 
  1. Realizar prácticas sexuales que nunca serían capaces de llevar a la realidad. Esto incluye prácticamente cualquier cosa, y confirma el carácter liberador, lúdico, que tienen las fantasías eróticas. Las mujeres tienen este tipo de fantasía en mayor medida que los hombres. Un 28% de ellas se excitan así. 
  2. A esa fantasía le sigue tener sexo con un extraño. Una de cada cinco mujeres (21%) fantasean de este modo. En ocasiones se trata de alguien conocido del inmediato entorno de la soñadora. Pero la mayor parte de las veces se trata de alguien visto fortuitamente por la calle, en el trabajo, o en cualquier otro ambiente cotidiano. 
  3. Un 19% de las mujeres, sobre todo las más jóvenes, fantasean con que son obligadas a tener relaciones sexuales por conocidos o desconocidos. Ojo con esta fantasía, porque algunos (y, aunque menos, algunas) encuentran que la misma explica las violaciones de muchas mujeres. Nada es menos cierto que eso. Se trata de fantasías, de excitarse mediante hechos que pueden dar morbo por la situación creada a su alrededor (estar indefensos ante el otro puede ser excitante para muchas personas muy resolutivas en la vida real), pero eso no implica un deseo, ni directo ni indirecto. 
  4. La actividad sexual realizada con más de una persona del otro sexo ocupa la fantasía del 18 por ciento de las mujeres. forma parte de esa necesidad de imaginarse situaciones que, probablemente, no serían capaces de realizar en la vida real. 
  5. Un número mayor de mujeres heterosexuales que de hombres fantasean con tener relaciones sexuales con alguien del mismo sexo: 11%. Esto sucede así porque las mujeres reciben culturalmente el mismo gusto que los hombres por la belleza femenina y son capaces de admirarla sin tapujos homófobos. 
  6. Finalmente, la fantasía que ocupa el último lugar entre las mujeres es la de obligar a alguien a tener relaciones sexuales sin su consentimiento o con un asentimiento forzado. 
  7. Esta fantasía ocupa al 3% de las mujeres. Aparece con menos frecuencia que en los hombres, precisamente por ese modelo general del fantasear femenino que supone verse como receptoras de la actividad sexual ejercida por otros. En ese contexto, forzar a terceras personas a hacer algo está casi fuera de lugar, pues exigiría ser más activas que receptivas.

Sobre las fantasías sexuales

El sueño de la esposa de la mujer del pescador es una de las obras de arte más importantes que se han hecho sobre fantasías sexuales. Los temas sexuales tienen desde siempre un importante papel en el arte japones en el genero conocido como: shunga

El uso adulto de la imaginación sexual es muy variado. Muchas veces es usada para inducir o aumentar la excitación sexual, cosa que puede suceder en solitario cuando no hay un compañero disponible pero también es común que sea usada durante la actividad sexual con alguien. Otros la usan para incrementar la excitación y convertir la situación actual, en una más apasionada. Las fantasías pueden aumentar tanto los aspectos fisiológicos como los psicológicos de la respuesta sexual, de muchas maneras: contrarrestando el aburrimiento, focalizando los pensamientos y sentimientos (borrando distracciones o presiones), mejorando nuestra propia imagen, etc.
Las fantasías sexuales también promueven un ambiente seguro para dejar ir la imaginación y que surjan con fuerza los sentimientos sexuales. Son seguras porque son privadas y ficticias: la privacidad asegura que las fantasías no serán descubiertas mientras que el aspecto inventado de las fantasías nos libera de responsabilidad y nos permite jugar con ellas. Y como somos el director de la escena, podemos suspenderlas abruptamente si no nos gustan o cambiarles el rumbo. Las escenas fantaseadas, si bien solo son excursiones de la mente, ayudan a encontrar excitación, aventura, autoconfianza y placer.
De esa manera se recrean escenas que pasaron y armamos otras con cosas que deseamos pero no hacemos, por que no nos atrevemos; o porque nos asustan; o porque simplemente queremos que permanezcan como fantasías. Alguna gente las tiene más desarrolladas y otros no.
Parece que en general los hombres fantasean más que las mujeres, J. Money, un experto en sexualidad, dice que todos desarrollamos un "mapa de amor", un mapa mental que tiene las características del amado y también las actividades sexuales y afectivas que nos resultan más eróticas. Ese mapa es como las huellas digitales de la personalidad sexual de cada uno de nosotros, las cosas que nos excitan sexualmente son únicas si bien es cierto que compartimos gran parte de ellas con el resto de las mujeres y otro tanto les sucede a los hombres. Las fantasías sexuales completan el mapa de amor agregan las pistas que le faltan pero por sobre todo "entretienen la cabeza", permiten que nos concentremos en las sensaciones placenteras, sin censuras y aumentando la posibilidad de excitación erótica. La fantasía y el deseo sexual a veces pueden aparecer juntos y ser el motor que enciende la escena sexual. Pero también se ha comprobado que la gente con bajo deseo sexual, tiene pocas fantasías sexuales y muchas veces se benefician usando y construyendo fantasías de manera positiva.


miércoles, 22 de septiembre de 2010

Disfunciones sexuales (Deseo sexual hipoactico)



¿Qué es una disfunción sexual?
Existe una disfunción sexual cuando se alteran una o mas fases de la respuesta sexual humana: deseo, excitación, orgasmo o resolución, impidiendo la realización normal del acto sexual de modo satisfactorio para sus actores.
En la fase de deseo se produce a partir de una fantasía sexual el interés, las ganas de llevar a cabo algún tipo de actividad relacionada con esa fantasía.
La fase de excitación es fundamentalmente vascular, ya que se congestiona la zona pelviana llenándose de sangre y produciendo la erección en el varón y la lubricación y dilatación vaginal en la mujer.
El orgasmo es la descarga de la tensión sexual que aumentaba progresivamente en la fase de excitación, y consiste en una serie de contracciones musculares coincidente con la expulsión de semen en el varón, junto con una sensación muy placentera y gratificante.
La fase de resolución consiste en el retorno al estado inicial de todas aquellas modificaciones que pudieron producirse en los órganos genitales y en el resto del cuerpo.
Según estadísticas serias, aproximadamente una de cada tres personas y una de cada dos parejas presenta algún tipo de disfunción sexual tomando como criterio los estándares acordados por la comunidad científica. Si bien la gravedad del trastorno varia en cada caso desde un grado leve hasta el grave, pasando por diversos matices, generalmente se produce algún tipo de dificultad en el individuo y en la pareja, que depende de diversos factores: el significado que se le da al trastorno, las interpretaciones que se tejen alrededor del mismo, el momento evolutivo de la pareja y el tipo de vinculo que se establece, la calidad de la comunicación, la estima del individuo, las expectativas de solución y fundamentalmente la información que se posea, entre otros factores.
Cada disfunción sexual puede ubicarse en una o más de las fases de la respuesta sexual humana señaladas anteriormente.
Cuando el trastorno se da en la fase de deseo nos encontramos con el DESEO SEXUAL INHIBIDO O HIPOACTIVO, tanto en el varón como en la mujer.
Un 60 por ciento de las parejas que consultan al especialista en sexualidad humana lo hacen por este tema. Este cuadro consiste en la disminución o ausencia de fantasías sexuales y de ganas de involucrarse en algún tipo de actividad sexual.

Deseo Sexual Hipoactivo
El deseo sexual y la respuesta sexual del ser humano son procesos muy complejos, que incluyen estímulos y reacciones tanto cerebrales como mecánicas. En ellos interviene el organismo en su totalidad, en un proceso psicosomático que incluye:
  • la actividad cerebral.
  • la actividad hormonal.
  • la actividad cognitiva.
Ésta última es la que engloba tanto las experiencias sexuales o "aprendizaje" del individuo como sus motivaciones e intereses en el momento de la respuesta sexual.
Cuando un eslabón de esta complicada cadena se desincroniza del resto, tanto el deseo como la respuesta o conducta sexual del hombre o la mujer se ven afectados. Estos son los problemas de la primera fase de la respuesta sexual: la fase del deseo. Una persona sana se interesa por la sexualidad, sobre todo después de llegar a la pubertad. El deseo es más intenso en algunas épocas que en otras. Disminuye cuando una persona está demasiado absorbida por su trabajo u otras actividades y aumenta cuando la persona tiene una oportunidad sexual excitante y cuando está en compañía de una persona que le atrae mucho.
El deseo puede ser demasiado fuerte o demasiado débil. Se considera un trastorno el hecho de que el deseo sexual de una persona sea tan intenso que la sexualidad se convierta en una obsesión o preocupación constante. Este estado se considera "ninfomanía" en las mujeres y "satiriasis" en los hombres. En la realidad un instinto sexual excesivo es algo tan infrecuente que puede considerarse una curiosidad médica.
Es mucho más habitual encontrarnos con personas que no sienten casi nunca necesidades sexuales; no sienten deseos de salir con personas del sexo opuesto, no se masturban, no tienen fantasías sexuales y no se excitan en situaciones sexuales. Hablamos entonces del problema del BAJO DESEO SEXUAL. Este proceso recibe la denominación de trastorno del deseo sexual hipoactivo o inhibido. Son muchas las personas que lo padecen, aunque no todas llegan a una consulta profesional para recibir el diagnóstico adecuado y la ayuda médico–psicológica que requiera su trastorno. Siendo la esfera de la sexualidad tan importante para la calidad de vida del ser humano, muchas de estas personas vivirán insatisfechas e infelices. Debido a la mayor información y apertura sexual de las últimas décadas, otros pueden acceder a la atención y su problema es generalmente abordado con éxito.

Causas Físicas
Es frecuente el trastorno de del deseo sexual hipoactivo en personas que sufren una dependencia, como el alcoholismo o los psicofármacos. Muchas drogas pueden intervenir en el proceso funcional de la excitación y el orgasmo.
Otra de las causas frecuentes es un inadecuado perfil hormonal, en especial un bajo nivel de andrógenos. La testosterona es necesaria para mantener el deseo no sólo en el hombre, sino también en la mujer, aunque en ésta los niveles normales son mucho más bajos.

Causas Psicológicas
Aunque a veces el problema puede estar motivado por alguna anomalía orgánica (carencias hormonales, trastornos endocrinos, insuficiencia renal, etc.) lo más normal es que el problema obedezca a causas psicológicas como un bajo nivel de autoestima, estados depresivos, excesivo estrés o ansiedad, una historia de abusos sexuales o mala relación de pareja por mencionar a algunas. Esta disfunción requiere un programa de tratamiento más largo y más completo que otras, aunque el terapeuta en este caso puede ayudarle a descubrir las causas que motivan dicha inapetencia sexual y a proporcionarte recursos necesarios para que dicho deseo se vea incrementado.
La pérdida del deseo sexual es considerada por el manual de trastornos mentales DSM–IV dentro de los "trastornos sexuales y de la identidad sexual", como "trastornos del deseo sexual". Se enumera así el trastorno llamado: "Deseo sexual hipoactivo", considerado como la disminución o ausencia de fantasías o deseos de actividad sexual de forma persistente o recurrente. El trastorno provoca un malestar acusado o dificultades de relación interpersonal, y no se explica mejor por la presencia de otro trastorno, ni se debe a los efectos de una sustancia o a una enfermedad médica.
También podría enmarcarse la pérdida del deseo sexual en los "trastornos de la excitación sexual".
Cuando siempre ha existido un bajo deseo sexual se lo considera un problema "primario", y es "secundario" cuando no siempre ha ocurrido. Aún así, hay permanentes variaciones, por ejemplo aquellas mujeres que experimentan una falta total de interés en el sexo, pero responden a los estímulos de la pareja y consiguen excitarse, hasta las que rechazan la relación sexual. En la mujer aparece como la disfunción más común.
Existe un conocido dicho médico: La función hace al órgano. En este sentido cabe señalar que cuando por algún motivo la actividad sexual no es estimulada ni ejercitada, suele retrotraerse el deseo. En este sentido, la pérdida del deseo sexual, suele aparejar una mayor pérdida, por lo que el circuito se fortalece.
Desde una perspectiva psicoanalítica, cabe la interrogación por los aspectos singulares de esta pérdida del deseo, por ejemplo cuando una estructuración subjetiva al modo de la histeria, permite suponer el deseo no en una linealidad genital (hacer el amor o masturbarse) sino en torno a la generación del deseo de desear (propio de la estructuración al modo histérico).

Síntomas
Es importante que sepamos los síntomas más frecuentes de este trastorno, a fin de que podamos individualizarlo y llegar a una consulta profesional que nos devuelva un estado de plena satisfacción.
Por lo general, la persona afectada por el trastorno de deseo sexual inhibido o hipoactivo siente un marcado desinterés por la actividad sexual. Situaciones con una alta carga erótica pueden no afectarle en lo más mínimo. En el plano de la pareja esto puede tener consecuencias importantes. Aunque un buen número de individuos no acusarán ante su partener esta situación, y seguirán manteniendo relaciones sexuales que satisfagan a su pareja, ellos sentirán una gran apatía. En otros casos, la ausencia de deseo y hasta las disfunciones que pueden aparecer en carácter reactivo (impotencia, dispareunia, anorgasmia) harán que la actividad sexual de la pareja mengue y hasta desaparezca, lo cual lleva generalmente a serios problemas de relación.
En los casos en que la falta de interés sexual se debe a la insatisfacción por la actual pareja (variante situacional), el individuo podrá conservar deseo por otros objetos sexuales que puede ser normal o hasta exageradamente intenso.
Cuando el individuo afectado no tiene una pareja estable, el problema puede perdurar por años, e incluso perpetuarse. En todos los casos, lleva a una situación de gran insatisfacción personal.

Signos y exámenes
Con frecuencia la evaluación médica y los exámenes de laboratorio no revelan una causa física. Sin embargo, se recomienda verificar los niveles de testosterona (la hormona responsable de originar el deseo sexual) tanto en los hombres como en las mujeres, particularmente en aquellos hombres que presentan deseo sexual inhibido. El examen se realiza mediante una muestra de sangre que debe obtenerse antes de las 10:00 a.m., momento en el cual los niveles de hormonas masculinas se encuentran en su punto más alto. Es probable que la entrevista con un especialista en terapia sexual revele las posibles causas.

Tratamiento
El tratamiento se debe orientar en forma individual hacia los factores que pueden inhibir el interés sexual y con frecuencia pueden existir diversos factores.
Algunas parejas necesitarán trabajo de mejoramiento de la relación o terapia de pareja antes de centrarse directamente en el incremento de la actividad sexual. Algunas parejas necesitarán un poco de instrucción sobre el desarrollo de destrezas en la resolución de conflictos y requerirán ayuda para resolver las diferencias en aquellas áreas no relacionadas con el sexo.
El entrenamiento en la comunicación para hablar a nivel de sentimientos, mostrar comprensión, resolver las diferencias de tal forma que refleje sensibilidad y respeto por los sentimientos de ambas partes, aprender cómo expresar la ira de manera constructiva y reservar el tiempo para las actividades de la pareja, el afecto y hablar tienden a estimular el deseo sexual.
Muchas parejas también necesitarán concentrarse directamente en la relación sexual, donde a través de la educación y las tareas de pareja puedan expandir la variedad y el tiempo dedicados a la actividad sexual. Es posible que algunas parejas necesiten concentrarse en las formas de poder acercarse sexualmente a la otra persona de una manera más interesante y conveniente y en cómo rehusar una invitación sexual de una forma suave y discreta.
Cuando los problemas en la excitación sexual o en la realización del acto sexual son factores que disminuyen la líbido, se deben tratar estas disfunciones sexuales de manera directa.

Expectativas (pronóstico)
Los trastornos de deseo sexual son con frecuencia los problemas sexuales más difíciles de tratar, en especial si se presentan en los hombres. Por lo tanto, se debe buscar asesoría de un especialista en sexo y terapia marital.

Complicaciones
Cuando ambas personas presentan un bajo deseo sexual, el tema del nivel de interés sexual no será problemático en la relación; sin embargo, el bajo deseo sexual puede ser un barómetro de la salud emocional de la relación. En otros casos en los que existe una relación excelente y amorosa, el bajo deseo sexual puede hacer que una persona se sienta herida y rechazada de manera repetida, lo que lleva finalmente a sentimientos de resentimiento y fomenta un distanciamiento emocional final.
Para la mayoría de las parejas, el sexo es algo que estrecha los lazos de la relación o se convierte en algo que separa la pareja en forma gradual. Cuando una persona está menos interesada en el sexo que su pareja y tal problema se ha convertido en una fuente de conflicto y desacuerdo, se recomienda buscar ayuda profesional antes de que la relación se torne más tirante.

Prevención
Una buena forma de prevenir el deseo sexual inhibido es reservar tiempo para la intimidad no sexual con la pareja, ya que las parejas que semanalmente reservan tiempo para hablar, salir solos a alguna parte y sin los hijos, mantendrán una relación más estrecha y es más probable que sientan interés sexual.
Las parejas también deben separar el sexo del afecto, de tal manera que ninguno sienta temor a ser cariñoso constantemente, temiendo que ello sea interpretado como una invitación a tener un contacto sexual.
El hecho de leer libros, tomar cursos acerca de la comunicación de pareja o leer libros sobre masajes también puede estimular los sentimientos de acercamiento. Para algunas personas, la lectura de novelas o ver películas con contenido sexual o romántico también les puede servir para estimular el deseo sexual.
El reservar un "tiempo preferencial" de manera regular antes de sucumbir al agotamiento, tanto para hablar como para la intimidad sexual, estimulará la cercanía y el deseo sexual.

Novedades: Nuevo Tratamiento
Un estudio publicado en el Journal of Sex and Marital Therapy (2004) describe que el antidepresivo Bupropion, utilizado en la adicción a la nicotina, puede ser un efectivo tratamiento del deseo sexual hipoactivo en mujeres –una deficiencia o ausencia de deseo sexual y de fantasías de mantener encuentros sexuales–.
El deseo sexual hipoactivo (DSH) o deseo sexual inhibido afecta al menos a un 20% de las mujeres y hasta ahora, salvo las Terapias Sexuales, pocos recursos medicamentosos han resultado eficaces.
Los investigadores reportaron que, un tercio de las mujeres respondieron al tratamiento, con aumento en la excitación sexual, las fantasías sexuales y el interés en mantener encuentros eróticos. De acuerdo con el investigador líder, R. Taylor Segraves, M. D., Ph. D., profesor de psiquiatría en el Case Western Reserve University School of Medicine and Chair of the Department of Psychiatry at MetroHealth Medical Center, la respuesta fue observada a las dos semanas del tratamiento. Al final de las 8 semanas el índice de respuesta observaba un aumento de la frecuencia de la actividad sexual, el doble de frecuencia en la excitación sexual y más del doble de presencia de fantasías sexuales.
Al final del tratamiento casi el 40% reportaron sentirse satisfechas con su deseo sexual.
"Los resultados del estudio son esperanzadores, especialmente a la luz de la necesidad de prestarle más atención a este tema" dice el Dr. Segraves. "La baja libido es una de las más comunes quejas entre mujeres con disfunciones sexuales. El DSH es una condición que puede causar malestar emocional y problemas en las relaciones íntimas. Tenemos esperanzas que nuestro conocimiento de cómo diagnosticar y tratar esta disfunción sexual femenina se expandirá en la próxima década."
El DSH se caracteriza por una combinación de factores que incluyen la persistente disminución o ausencia de fantasías sexuales o de deseo por mantener actividad sexual y puede afectar tanto a varones como a mujeres.
Bupropion fue bien tolerado y no hubo cambios significativos en los signos clínicos vitales ni aumento de peso durante el estudio que se hizo con mujeres no deprimidas. Sólo en un 5% de los casos se reportaron insomnio, temblores, reacciones alérgicas cutáneas.
El clorhidrato de Bupropion está aprobado para el tratamiento de la depresión y la adicción al tabaco y no produce disfunciones sexuales como otros antidepresivos y se podría atribuir su efecto favorable en la fase del deseo, en ambos sexos, a la acción sobre ciertos neurotransmisores como la norepinefrina y la dopamina.