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miércoles, 15 de mayo de 2013

Trastornos sexuales DSM V

Trastornos sexuales y de Identidad Sexual DSM IV from Pandora Requiem

Hay cosas de la presentación de arriba, la que primero publicamos, que hay que revisar. De momento para no perder el material, por si decido eliminar la de arriba, os pongo abajo otra que he revisado y esta correcta. O por lo menos se atiene a lo que dice el DSM, se este de acuerdo o no. No puedo darme prisa en revisar este material o mejor dicho en republicarlo mejor porque en estos precisos momentos tengo unas cuanta diferencias con Canguro.net ¿Qué es eso? Muy fácil, es el problema de revisar las entradas de un blog de sexología desde una biblooteca pública en donde van niños. Me lo marca como contenido inapropiado.
 

lunes, 12 de diciembre de 2011

Nyotaimori: Sushi corporal


El nyotaimori (japonés: ‘presentación en cuerpo de una mujer’), llamado a veces sushi corporal, es la práctica de comer sashimi o sushi del cuerpo de una mujer, típicamente desnuda. Nantaimori alude a la misma práctica, pero sobre el cuerpo de un hombre. Esta variante de sitofilia es originalmente una oscura costumbre japonesa que ha atraído una considerable atención de los medios de comunicación internacionales. Como resultado de servirse sobre un cuerpo humano, la temperatura del sushi o sashimi se acerca a la corporal.

Furries: Sexo disfrazado


Los miembros de esta subcultura son conocidos como furry fans, furries o simplemente furs, todos derivados de la palabra furry que en inglés significa "peludo". Generalmente gustan de publicaciones que incluyen animales con atributos humanos, tales como inteligencia, expresiones faciales, la facultad del habla, de caminar en dos patas y la ropa. Con los primeros online surgieron las primeras ideas de llevar este movimiento a convenciones íntegramente dedicadas a este tema; son las llamadas "furcons", donde los asistentes, llamados "fursuits" y "fursuiters", acuden disfrazados de su personaje. La acción de crear una fursona es uno de los primeros pasos al entrar y darse a conocer en la comunidad furry: un nuevo miembro elige un cierto animal con el que siente una identificación particularmente fuerte que pasará a ser su avatar o icono dentro del fandom.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Parafilias: Lo normal en sexología


Antes de intentar una definición de parafilia, que veremos en el ítem siguiente, vale la pena reflexionar con otros autores lo que se considera normal en Sexología, pues el hecho de que se haya despatologizada buena parte de las conductas sexuales antiguamente consideradas anormales, no significa que vale todo o nada es anormal. Para definir lo anormal debemos saber de qué se trata lo anormal. Desde el vamos, ya comprobamos que la historia también es un factor que cambia la valoración científica de los mismos hechos.
Suponemos que toda cultura posee sistemas valorativos y normativos para el ejercicio de la sexualidad de sus integrantes, como pautas deseables, buenas o virtuosas. Ya vimos más arriba la normatización del mismo por preceptos religiosos registrados en el Viejo y en el Nuevo Testamento. Pero cada cultura diferente posee y poseerá un Sistema de Valores sexuales propio.
Siempre se consideró la existencia de una norma o regla que cumplir y un castigo por no hacerlo. Descartes, en el siglo XVII, describe la representación gráfica de dos variables y Gauss y Laplace dibujan sobre la base de una abscisa y una ordenada, la distribución de frecuencia estadística de un fenómeno dado, en su célebre Campana de Gauss o Curva Normal. Ella posee una media aritmética, su moda o valor que se repite con mayor frecuencia y una desviación standard máxima y mínima, equidistante en sus límites de la media. Los datos restantes, que no caben en la desviación standard, constituyen una desviación de la norma.
La curva normal determinó para cada variable estudiada qué era normal o anormal, y los médicos extendieron el concepto de normal a lo sano, y de anormal a lo enfermo. Pero este aporte, con ser valiosísimo, solo muestra el aspecto de frecuencia estadística. También el aporte moral, valorativo, es de gran importancia, pero ambos son insuficientes para determinar la seguridad absoluta de lo normal o anormal, desviado o justo. Dice Alonso Fernández (1) que “ambas normas, la estadística y la valorativa, en cuanto puntos de referencia para determinar si un fenómeno psíquico o somático es normal o no, solo tienen una validez parcial: la norma estadística, por su relativismo; la norma ideal, por su subjetivismo”. Gallardo (23) propone un tercer criterio: el fenoménico, en que da una síntesis entre el criterio valorativo y estadístico, entre el “deber ser” y el “darse”, entre lo valorativo y lo descriptivo.
Las diferentes fuentes animistas, religiosas, filosóficas o científicas de las categorizaciones y enfoques de cada problema o fenómeno, como el sexual, determinan modos típicos de comportamiento, que sin embargo cambian permanentemente, en un dinamismo relativista y realista al mismo tiempo.
La aplicación del criterio puramente estadístico para determinar lo normal en Sexología colocaría dentro de la normalidad, dada su frecuencia, a las disfunciones sexuales, el chantaje masculino-femenino y la infidelidad. Y sería anormal un varón que nunca se ha masturbado, dice Alvarez-Gayou (2) o según Gallardo (23), los varones que han tenido relaciones sexuales con una sola persona del sexo opuesto en toda su vida. No basta, pues, la norma estadística. Y lo que es valorativamente normal para una cultura -como la iniciación sexual de una mujer por su padre- no lo es para otra. En la alternativa del concepto fenoménico, a los conceptos de respeto, aceptación voluntaria, mutua satisfacción, ausencia de daño o lesión física o psicológica, que según este autor deben estar presentes en el acto sexual normal, debemos agregar el de libertad sexual, responsabilidad por la consecuencia de sus actos sexuales, es decir, capacidad plena de los participantes.
Marcel Eck (15) al comienzo de la década del setenta consideraba que había cinco factores que hacen que la balanza se incline del lado de lo anormal en las conductas sexuales y no de una simple desviación normal. 
Serían:
  1. La transgresión voluntaria, consciente y erotizada. Bataille (6) fue quien codificó esta noción de transgresión: el erotismo no puede culminar más que en la superación de la prohibición. El compañero erótico no es más que el instrumento de la posibilidad de transgredir una prohibición que radica sobre la elección del objeto o en la forma de servirse de él. Llegó a afirmar que no hay erotismo sin transgresión. El sistema metafísico de Bataille estaba coronado por un Jano que a un tiempo era Eros y Angustia. ¿Representa la transgresión el símbolo del rechazo a la ley del padre, la violación del tabú del incesto? Se ha pretendido ver en ella –dice Eck- una autoafirmación revolucionaria y contestataria. Pero la transgresión voluntaria vendría a ser un equivalente del concepto psicoanalítico de perversión: está mal, pero lo hago.
  2. La absolutización del mal. El desviado normal no valora su transgresión porque esta es el mal. El anormal pierde interés en su desviación si ésta no fuera la encarnación del mal, acompañada con la necesidad maniquea de un reconocimiento del bien, aunque no sea más que para negarlo, o aún más, para escarnecerlo.
  3. La justificación. El anormal encierra la contradicción de que mientras busca el placer mediante la transgresión y el mal, se pretende justo. Como no puede desear otra cosa, es justo que desee lo desviado. “En casi todos los parafílicos” –dice Eck- “existe un fondo paranoico reivindicativo y un fondo mitómano justificativo”.
  4. La destrucción. Hay en la conciencia parafílica una voluntad de aniquilación, una especie de ruptura con el principio de realidad y un rechazo de la autenticidad. La mascarada se convierte en una forma de destrucción. El erotismo parafílico es más cerebral que pragmático. Lo imaginario y el juego prevalecen a veces sobre lo vivido, y el escándalo es rehuído por el desviado normal, no así por el parafílico.
  5. El proselitismo. Los parafílicos se agrupan, se reclutan y se entrenan. No hay parafílicos que no conozcan a otros. A veces es dual, otras social, en orgías. Los parafílicos saben localizar perfectamente a sus homólogos en el medio en que actúan habitualmente. Naturalmente, los hay solitarios, aislados.
No podemos aceptar sin crítica esta propuesta de Eck, pero la presentamos para entender las diferentes aproximaciones a que se debe recurrir para determinar los patrones claros sobre normalidad y desviación en sexualidad.
Morton Hunt (29) autor de la investigación sobre las conductas sexuales en la década del 70, responsabiliza en parte a Kinsey por el caos conceptual de nuestra época. Este genial investigador sexual de la década del 50, “en su afán de reemplazar la reflexión moralista por otra de investigación científica desapasionada y neutral, amplió demasiado el significado de la palabra normal”. Propuso que aquello que era considerado común y normal para los mamíferos superiores, constituía una herencia filogenética que otorgaba normalidad a idénticos comportamientos humanos, así como lo común y normal en seres humanos de diversas sociedades, era biológica, psicológica y antropológicamente normal para los seres humanos de todo el mundo. Hunt dice que esto posee una validez relativa y es erróneo en muchos casos. También acusa a Albert Ellis de preferir apartarse de toda crítica y de todo juicio, al afirmar que “las prácticas sexuales poco habituales como ser golpeado en el coito o copular con animales sólo puede ser llamado raro, peculiar, inusual estadísticamente, pero no de anormal, perverso o anómalo”.
Para Hunt (29) los radicales y liberales sexuales sospechan de los términos anormal y anómalo como peyorativos, pues encerrarían la misma connotación que “pecaminoso”, “perverso”, “degenerado” o “aberrante”. Pero considera como un imperativo para una sociedad liberada, continuar con las distinciones entre anormal y normal, adecuado o anómalo, pues sólo así podremos evaluar las posibles consecuencias para el individuo y la sociedad, lograr conclusiones racionales al respecto y manejarlas de modo constructivo e inteligente”. Este criterio se opone al del colaborador de Kinsey, Wardell B. Pomeroy, quien citado por Gindin (25) dice: “Sería más fácil borrar la palabra “normal” de nuestro vocabulario antes de contestar a la pregunta ¿Soy normal?. Nuestra atención debe estar dirigida al ser humano individual” -dice- “y no al irrelevante, ilógico y psicológicamente dañino encasillamiento de las conductas sexuales en “normales“ o “anormales”. No obstante ello, Pomeroy hace la propuesta más interesante en el tema de la dilucidación de lo normal en Sexología, cuando plantea que se puede intentar la aplicación de cinco criterios principales para definir la conducta sexual como normal o anormal.
  1. Estadístico: Si la mitad o más de la población la practica, la conducta sexual es normal. Depende del lugar, la época, la cultura y la clase social.
  2. Filogenético: Si corresponde con el comportamiento sexual de los mamíferos o de los primates superiores, es normal.
  3. Moral: Los preceptos de una comunidad son muy variables en cada cultura en diferentes épocas, pero suele haber un consenso temporal, registrados en usos, costumbres, creencias. Preserva los valores individuales y colectivos.
  4. Legal: El registro de normas escritas y sanciones para defender a las personas y sus propiedades o derechos también abarca lo sexual. Las leyes se cambian y son diferentes en un lugar y otro, pero marcan el consenso.
  5. Social: Las conductas socialmente dominantes que no dañan a la sociedad o a sus miembros, son normales, correctas, adecuadas.
Si cada conducta sexual es pasada por el tamiz de estos cinco criterios, podemos establecer el grado de normalidad o anormalidad de la misma.


Observamos que todas las conductas sexuales consideradas presentan algún tipo de cuestionamiento en cuanto a su “normalidad”. Las dos únicas conductas unánimemente anormales son la paidofilia y la violación, con interrogantes desde el punto de vista filogenético. Y la única conducta unánimemente normal es el sexo oral-genital, con la interrogante legal, pues en algunos Estados de los EEUU siguen vigentes leyes que la prohíben, aunque no se aplican. Cuando vemos que el criterio moral considera anormal también a la masturbación, a la homosexualidad y al sexo no marital, tampoco tiene validez absoluta, pues depende del rigorismo o el laxismo de dicha moral. Hay corrientes morales ortodoxas y otras liberales o permisivas, que consideran normal a la masturbación, la homosexualidad y al sexo no marital. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que la masturbación y la homosexualidad son “graves desórdenes morales” pero no afirma -ni puede hacerlo, pues opera en planos diferentes- de que sean anormales.
Si bien en Sexología podría utilizarse fácilmente esta propuesta de Pomeroy para discernir sobre lo normal y anormal, parece que la inclusión del criterio moral es el principal elemento discordante desde fuera de la disciplina. No obstante, la Sexología utiliza el criterio de Pomeroy de personalizar cada situación para establecer la normalidad en cada caso, y la aplicación de estos criterios, que son modificables y cambiantes, habrá de efectuarse de acuerdo a los avances más recientes en cada disciplina.

DEFINICIÓN DE PARAFILIA
Etimológicamente, proviene del griego “pará” al lado, desviado y “philéo”, atracción, amante. Las diferentes definiciones van dando elementos que nos servirán para la nuestra propia. En los diccionarios antiguos simplemente dice: sinónimo de perversión sexual y citan a Stekel, mientras en otros no figura la palabra.
Quijada (44) en 1982 dice que se trata de una “preferencia sexual desviada”. Money y Erhardt (37) citados por Alzate (5) definen las parafilias como “estados psicosexuales de reactividad obsesiva a estímulo desusado o inaceptable y dependiente de él, que buscan iniciar o mantener una situación sexual con el fin de facilitar el orgasmo”. En el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, se fueron elaborando diversas definiciones: En el DSM III (3) de 1978 se afirmaba que “las parafilias se caracterizan por la excitación como respuesta a objetos o situaciones sexuales que no forman parte de los estímulos normativos y que, en diversos grados, pueden interferir con la capacidad para una actividad sexual efectiva recíproca”.
En la última de 1995, el DSM IV (4) dice que: “La característica esencial (Criterio A) de la parafilia es la presencia de repetidas e intensas fantasías sexuales de tipo excitatorio, e impulsos o comportamientos sexuales que por lo general engloban: 1) objetos no humanos; 2) sufrimiento o la humillación de uno mismo o de la pareja, o 3) niños u otras personas que no consienten, y que se presentan durante un periodo de al menos seis meses”. Pero también (Criterio B) esos impulsos, comportamientos y fantasías deben “provocar malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo”.
Para establecer un diagnóstico diferencial con otras conductas sexuales no patológicas, el DSM IV dice que “las fantasías, comportamientos u objetos son considerados parafílicos sólo si provocan malestar o alteraciones clínicamente significativas, como:
  • son obligatorias,
  • producen disfunciones sexuales,
  • requieren la participación de otros individuos en contra de su voluntad, conducen a problemas legales
  • interfieren en las relaciones sociales.
Tampoco deben coincidir estas conductas con el curso de enfermedades mentales tales como retraso mental, demencia, cambio de personalidad debido a una enfermedad médica, la intoxicación por sustancias, un episodio maníaco o la esquizofrenia. Aquí las conductas sexuales anormales son inusuales, aisladas, no obligatorias y solo duran lo que dura el trastorno mental de fondo. Los periodos de estrés y depresión también son mencionados, pero como desencadenantes de episodios parafílicos, fuera de tales periodos el individuo funciona normalmente. Money (37) señala como característica importante de las parafilias, la hiperorgasmia que las acompaña, a diferencia del menor número habitual de orgasmos de las personas no parafílicas.

CLINICA DEL PARAFILICO
La edad de comienzo del trastorno suele remontarse a la infancia y las primeras etapas de la adolescencia, donde aparecen conductas parafílicas, pero se definen recién en la adolescencia y la adultez joven.
Las fantasías, impulsos y comportamientos pueden ser elaborados o simples, de una sola serie o de varias parafilias asociadas. La duración debe ser mayor de seis meses, como vimos, pero lo común es que sean recurrentes, se cronifiquen y duren toda la vida, con tendencia a disminuir a lo largo de los años. Pueden haber periodos de mayor expresión, coincidentes con periodos de estrés, como también vimos, y también cuando la persona se encuentra con oportunidades existenciales de practicar sus fantasías y actos. Tal el caso de los que eligen trabajar o se ofrecen como voluntarios en comercios de venta de lencería o zapatos de mujer (fetichismo), trabajar con niños en guarderías y hogares (pedofilia), conducir una ambulancia o cirugía, la carrera militar combatiente o la carnicería, así como la policía política en los regímenes de fuerza (sadismo sexual), enfermería (frotteurismo), o en morgues (necrofilia), o empleados de los hoteles de alta rotatividad (voyeurismo).
La repercusión social del trastorno parafílico es variable, pues hay casos en que el portador lleva una vida social activa que no permite sospechar trastornos íntimos, como en otras patologías del carácter. Pero otros se aíslan en sus fantasías y comportamientos, con graves repercusiones sobre su rendimiento laboral, estudiantil o su vida conyugal o social. Compran o roban y coleccionan material fotográfico, películas o prendas referidas a su trastorno exclusivo y eso les basta como toda vida sexual. El exhibicionismo y el voyeurismo así como el sadomasoquismo, pueden llevar a situaciones que violan la Ley y sus portadores terminan encarcelados o procesados. Otros, sufren un deterioro social progresivo o temporario. O llevan una doble vida: privada y pública. La mitad de los parafílicos está casado. Muchos tratan de imponer a sus mujeres sus fantasías o conductas, lo cual conlleva peligro de vida o lesiones en caso de sadomasoquismo, o delitos en caso de pedofilia. Hay parejas de parafílicos que llegan a una transacción de vida muy pintoresca y peculiar. Otras, se divorcian con frecuencia y se vuelven a casar, buscando comprensión.
La frecuencia es difícil de establecer, ya que los parafílicos no suelen consultar por su trastorno, sino por sentimientos de culpa, depresión o vergüenza con intentos de autoeliminación, disfunciones sexuales, trastornos de personalidad o incapacidad de amar o de sentimientos recíprocos. O bien por indicación judicial. La concepción psicoanalítica de que los parafílicos no sufren, no luchan, pues “la perversión es el reverso de la neurosis”, ya no es aceptable en todos los casos. No es la norma que los parafílicos no sufran por su trastorno, incluso pueden considerar sus actos o fantasías como inmorales, pero hay quienes no tienen ningún tipo de malestar, mientras no reciban el rechazo social y vivan su parafilia en la intimidad. Un índice de prevalencia -de validez relativa- es el alto consumo de material pornográfico a temática parafílica. Pero en las clínicas especializadas los diagnósticos más frecuentes son la pedofilia, el voyeurismo y el exhibicionismo, que además, son los casos que con mayor frecuencia son procesados por delitos sexuales. El masoquismo sexual así como el sadismo sexual se ven con menor frecuencia. Las demás parafilias tienen una frecuencia aun menor. Kinsey solo registró estadísticamente la frecuencia de la zoofilia en su estudio de la década del 50.
La distribución por sexo de las parafilias nos muestra que se tratan de trastornos exclusivamente masculinos, excepto en el masoquismo sexual en que hay mujeres, pero en una relación de una cada 20 varones. Money y Ehrhardt (37) señalan que “las muchachas no tienen sueños orgásmicos en la adolescencia -sí de los 20 a los 40 años- se masturban menos que los muchachos, y tienen fantasías romántico-sentimentales en relación con experiencias reales, una narración de amor o una película romántica. En cambio los muchachos pueden horrorizarse al enfrentarse en sus sueños con imágenes de tipo homosexual, sádico, voyeurista y otras parafilias. No se animan a revelarlas a sus padres ni a nadie, las soportan y algún día las pondrán probablemente en práctica”. Estos autores hablan de una “fragilidad psicosexual del varón”, porque así como “le resulta más fácil a la naturaleza producir una hembra que un macho” y a este último hay que añadirle algo -el llamado “factor aditivo” de Money-, “la naturaleza incurre en más errores en el varón”. Este es más agresivo por su tenor de testosterona, la hormona masculina que incrementa el deseo sexual. June Reinisch (45) estableció esta relación de manera fehaciente, sobre todo por la impregnación hormonal prenatal, lo cual fue confirmado por Maccoby y Jacklin (34) en su estudio clásico “The Psychology of sex differences”. El factor T (testosterona) no es ajeno a este predominio masculino de las parafilias. Para el caso de la erotización de la mirada por el voyeurismo y el exhibicionismo, se ha demostrado que los varones, condicionados culturalmente para la caza y el ejercicio del poder y la propuesta, a diferencia de los animales, efectúan un aprendizaje ontogenético o experiencial de imágenes extrañas sexualmente excitantes, de claro contenido psicopatológico y parafílicas.
Leonor Tiefer (51) formada en psicología fisiológica, manifiesta su preocupación de que las parafilias se refieren generalmente a varones y no a mujeres. Para explicar estas diferencias, dice que se manejaron tres teorías: Primera, que el varón debe identificarse precozmente con su madre, la más cercana figura vincular y de sexo femenino. Esto no es un problema para la mujer. Segunda: si el varón posee un mayor impulso sexual, es más fácil que se desvíe. Tercera: la teoría plantearía que “no hay diferencias en la frecuencia de las desviaciones sexuales”, pero generalmente “dichos comportamientos no se reconocen como una desviación cuando son aplicados a las mujeres”. Por ejemplo, “si un varón mira a través de una ventana abierta mientras una mujer se desviste, es arrestado por “fisgoneo”. Si un varón se desviste ¡él puede ser acusado de exhibicionista! En ambos casos es al varón que se considera desviado. En la Ley no se reconoce la posibilidad de que la mujer cometa un abuso sexual. A ellas se les permite con mayor frecuencia el uso de ropas tradicionalmente aceptadas como masculinas que al contrario”.
Dr. Andrés Flores Colombino
Médico Psiquiatra, Geriatra Gerontólogo y Sexólogo Clínico
Miembro del Advisory Committee de la World Association for Sexology (WAS)
Presidente de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y Educación Sexual (FLASSES), Fiscal de la Sociedad Uruguaya de Sexología.

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Parafilias: Introducción histórico-conceptual


De todos los temas sexuales, el de las parafilias tal vez constituya uno de los que más curiosidad e interés haya despertado en todas las épocas de la humanidad.
Las "relaciones sexuales prohibidas" son mencionadas en las Epístolas de San Pablo en cuatro oportunidades: Corintios 6:9 y 6:19, Timoteo 1:10 y Hebreos 13:4. Ya en el Viejo Testamento, en el Levítico, Capitulo 18;22, se hace mención a la homosexualidad, a la zoofilia en el 18:23 y al incesto en el 18:6. En el Deuteronomio se hace referencia al travestismo masculino y femenino en 22:5, Y volviendo a las Epístolas, San Pablo vuelve sobre la homosexualidad en Romanos 1:24, Corintios 6:10 y Timoteo 1:10, sobre los "afeminados" en Corintios 6:9. Yavé habla de actos sexuales "infames, "abominables", "maldades", "actos pecaminosos", "costumbres horribles". Es decir, las parafilias y variantes sexuales no son problemas nuevos para el ser humano.
Platón afirmaba en "La República" (41): ¿No tendrás -refiriéndose al papel de jueces u médicos- que establecer en la ciudad, junto a la judicatura, un cuerpo médico de individuos ... que cuiden de los ciudadanos, que tengan bien constituido cuerpo y alma pero, en cuanto a lo demás, dejen morir a aquellos cuya deficiencia radique en su cuerpo o condenen a muerte ellos mismos a los que tengan un alma naturalmente mala e incorregible?". Y en "Política" (42), sigue: "Si hay caracteres a los cuales sea imposible comunicarles energía, la temperancia y todas las otras inclinaciones virtuosas y que el furor de una mala naturaleza lleve, por el contrario, al ateísmo, a la desmesura y a la injusticia, ella (la ciencia real) las eliminaría mediante sentencias de muerte o de exilio o por castigos infamantes". Según Saurí (50), estas afirmaciones ubicaron las conductas desviadas en el plano ético del cual no se apartó durante largos siglos.
En la Grecia clásica, completa Yampey (54), la idea de perversión abarcaba tres áreas: el social, en cuanto transgresión a la ley, el religioso, en cuanto sacrilegio, y el médico, en tanto expresión de enfermedad. Con el tiempo, cuando lo sagrado pasó a ser en gran parte lo moral, la perversión se confundió con el vicio. En el siglo XVIII, a influjo del Iluminismo, la perversión se redujo al campo médico, privativo del sujeto. A fines del siglo XIX, se la integró al dominio de la psiquiatría, por obra de Krafft-Ebing.
Y aunque Kaan ya había hecho referencias a las "Perversidades Sexuales" en una publicación del año 1846, fue el médico psiquiatra y forense Richard Von Krafft-Ebing quien publicó en 1886 su monumental "Psicopatía Sexualis"(28), en latín para que la clase académica de la época fuera la única en acceder al libro. En pocos años, sin embargo, tuvo más de 12 ediciones en casi todos los idiomas conocidos. Pues estudió, con historias clínicas detalladas, numerosos casos de las llamadas "psicosis sexuales" o "aberraciones sexuales" o "degeneraciones sexuales". Crea la Medicina de las Perversiones y denomina estas "desviaciones" con nombres propios: masoquismo, sadismo, por ejemplo. Da al estudio de los temas sexuales, a través de las aberraciones, el carácter de materia respetable.
Las palabras "perverso" y "perversión" se incorporan al léxico común y permiten el estudio de la sexualidad desde ángulos escabrosos, excepcionales, poco frecuentes, acordes con el interés púdico y malsano de quienes, por la vigencia del tabú, veían en la sexualidad la semilla de la maldad. Pero el hecho es que habilitaron el estudio de la sexualidad, pues aunque las enfermedades que denunciaban y calificaban moralmente, no eran respetables, su estudio lo era.
"Perversión" es una palabra que califica moralmente, pues significa error, corrupción, maldad, vicio, perturbación, depravación. El perverso, dice Chazaud (11), "es aquel cuya alma se ha vuelto hacia el mal". Perturba el orden y el estado de las cosas y apunta contra la naturaleza: sus inclinaciones son desnaturalizadas.
La psicopatología aprovechó y utilizó estos términos. Y aunque en un principio los confundió con la "locura moral", luego, por designios semánticos, perversidad vino a significar desequilibrio psíquico y perversiones, las desviaciones en las prácticas y modos de obtención del placer sexual.
Se pasó del concepto teológico-moral al de "anomalía de la satisfacción del placer". Esta satisfacción es desenfocada, fuera de la "moral natural", es un placer "contra natura". Conserva, pues, el carácter de un juicio de valor.
El Psicoanálisis adoptó el concepto de perversión, pero lo despojó de su carácter escandaloso e inmoral y le otorgó el carácter de infantilismo: el placer perverso es el retorno o regresión, o el mantenimiento o fijación, de una práctica sexual infantil.
El término perversión no es utilizado en Sexología, y quedó destinado para uso exclusivo del psicoanálisis que lo comprende en su contexto, y de la Psiquiatría clásica, no de la moderna, así como de la Medicina Legal no actualizada, que siguen utilizando el término, a nuestro entender, en forma equivocada y acrítica.

EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE PARAFILIA
El término Parafilia, aunque se construye con dos palabras griegas, es el adoptado en las Clasificaciones actuales de los trastornos psicosexuales a fines del siglo XX, pues carece de connotaciones peyorativas o morales. Pero hagamos una recorrida por los diferentes conceptos que fueron utilizados como sinónimos, algunos hasta la actualidad.

SINÓNIMOS Y CONCEPTOS AFINES
  1. Perversiones sexuales
  2. Desviaciones sexuales
  3. Anomalías sexuales
  4. Alteraciones sexuales
  5. Conductas excepcionales
  6. Preferencias sexuales
  7. Variantes sexuales
  8. Parafilias
Efectuaremos un análisis del alcance y sentido de cada uno de estos términos para comprender el adoptado por la ciencia en la actualidad: parafilias.

1. Perversiones sexuales
Son los síntomas patológicos que -solamente para el Psicoanálisis- descartan en cualquier caso la vida normal y llegan a reemplazarla. En esta escuela se entiende por normal "la subordinación de todas las excitaciones sexuales a la primacía de las zonas genitales, lo mismo que la de los placeres parciales al orgasmo heterosexual", según Yampey (54). El niño es un "perverso polimorfo" y la neurosis es el reverso de la perversión, pues mientras en la neurosis el individuo se angustia y lucha contra su regresión y fijación, en la perversión sexual no hay angustia ni lucha, sino "sintonía con el yo".
La sexualidad genital del adulto sano, procreativa y placentera, supone para el psicoanálisis ortodoxo un acto sexual normal, que Laplanche y Pontalis (32) definen así: "Coito conducente a la obtención del orgasmo con penetración vaginal con una persona del sexo opuesto".
Desde este modelo de normalidad, serían anormales las actividades sexuales autoeróticas como la masturbación, las homosexuales, Las realizadas con más de un compañero, cuando no hay penetración o en condiciones diferentes a las del coito para la obtención del orgasmo, como en el coito anal o el sexo oral. Esta postura no se compadece con la nueva nosología psiquiátrica aceptada por la Asociación Psiquiátrica Americana, expuesta en el DSM III (3) y el DSM IV (4) universalmente aceptadas. Ni siquiera como síntoma de una enfermedad psiquiátrica aparece ninguna de estas conductas presuntamente anormales.
Ya en 1967, el sueco Üllerstam (53) planteaba una posición muy radical respecto de las perversiones. Dice que "perversión es una palabra que debería ser suprimida; es buena sólo para los oscurantistas y los demagogos". "No puede ser" -dice- "que todos los fenómenos sexuales sean perversiones, excepto el coito heterosexual en el cual el hombre se coloca encima de la mujer". Este autor propone definir el perfil del instinto sexual como "el modo de empleo del goce sexual característico de cada individuo", a establecerse en base a cuatro criterios:
  1. "¿Cuáles son los actos o cuáles los excitantes que solos o combinados, pueden provocar en ese individuo sensaciones de goce sexual, erección, eyaculación y orgasmo?"
  2. "¿Cuáles son los comportamientos que han llegado a ser necesidades sexuales, coacciones sexuales?"
  3. "¿Cuál es el orden de preferencia entre diferentes actos, para satisfacer su instinto sexual?"
  4. "¿Cuáles son los comportamientos sexuales concretos que provocan en él angustia o bien sentimiento de culpabilidad?"
Y agrega que habría que determinar también cuál es su perfil de tabú y su perfil moral, como fuerzas interactuantes. Insiste en que el interrogatorio no es un método adecuado para obtener datos fiables, ya que la mayoría de los "anormales" se resignan, no consultan y se llevan a la tumba sus secretos sexuales. La postura radical de Üllerstam lo ha llevado a proclamar que "solo podemos estar seguros de una cosa: de que las "perversiones" ofrecen grandes posibilidades de felicidad. Y esa es la razón de que debamos estimularlas pues son buenas en sí mismas". Consideremos que en 1967 la lista de perversiones era muy amplia y su reclamo era justificado.
Casi simultáneamente, el psicoterapeuta norteamericano Albert Ellis (16) creador de la terapia racional emotiva, afirmaba que "la relación sexual tradicional puede llegar a ser técnicamente "perversa" si es la única posición técnica que emplea la pareja. Porque temen tener la libertad suficiente para probar otros métodos, para variar y obtener orgasmos mejores y mayor satisfacción". Hacia la década del 70, Eustace Cheeser (12) llegó a afirmar que "perversión y desviación son términos que expresan juicios morales individuales: no pertenecen al lenguaje científico; no describen los hechos del comportamiento, sino simplemente la manera como ciertas personas reaccionan emocionalmente ante dichos hechos". Este autor de un "Manual de Educación Sexual para Adultos", plantea la necesidad de trazar una única línea divisoria entre lo que la gente hace con consentimiento mutuo y lo que hace contra la voluntad de otra persona; el problema social y el antisocial. Y dice: "Tal vez el sexo sin amor, sea cual fuere la forma que asuma, sea la única y verdadera perversión".
Desde filas del psicoanálisis, Lempêriere y Fèline (33) han propuesto designar como desviaciones sexuales a la homosexualidad, por elección de un objeto total pero inhabitual: y perversiones a las parafilias restantes vinculadas a un objeto parcial. Corría el año 1979, y para entonces hacía 6 años que se había excluido la homosexualidad egodistónica de la lista de enfermedades mentales y quedaba la homosexualidad egosintónica, todavía, como patológica. Pero también se excluyó de la lista de enfermedades a esta última forma en 1987.
En Sexología, no se utiliza el término perversión sexual para calificar ninguna conducta.

2. Desviaciones sexuales
La calificación de desviaciones a conductas sexuales ha sido clásica y aun hoy se sigue aplicando, aunque ha cedido lugar al más preciso de parafilia. Desviación equivale a separación de la norma, de lo normal, alejamiento de las fuentes, del camino esperado, común, habitual, familiar.
"La palabra desviación se refería hasta hace poco" -dice Quijada (44)- "a la función reproductiva: de manera que todo acto íntimo, incluso en parejas matrimoniales, era desviado si no tuviera finalidad reproductiva". Más recientemente se aceptó que no se trataría de una desviación siempre que la variedad de caricias sexuales como el sexo oral (fellatio o cunnilingus), o el sexo anal "terminasen en eyaculación intravaginal y sin impedimentos artificiales para la procreación".
No obstante, aun más recientemente, en el ámbito popular se utiliza el término desviación sexual para calificar a lo que hoy conocemos por parafilias, que son universalmente reconocidas por patológicas, sin tomar en cuenta el carácter reproductivo sino placentero del acto. Es claro también que la falta de información hace que popularmente se siga considerando desviación a todo lo que individualmente se considere inadecuado o inmoral. De allí que se recomienda no utilizar el término en el campo científico y sexológico.

3. Alteraciones sexuales
Denominación propuesta por Gallardo (23) para "un conjunto de respuestas que han variado el carácter típico de ajuste sexual de un individuo, a un punto tal, que el patrón sexual se distancia significativamente de los medios típicos de contacto erótico o sustituyen radicalmente el objeto sexual al que se aspira como complemento".
El de las alteraciones sexuales es uno de los dos campos de la "anormalidad sexual", junto a las disfunciones sexuales, según el mismo autor. Acepta como sinónimos términos tales como variaciones, conductas alternativas, opcionales, etcétera. Por su carácter tan impreciso y abarcativo, se prefiere no utilizar el de alteraciones sexuales para referirse a las parafilias.

4. Conductas excepcionales
Ante las denominaciones frecuentes de perversión, alteración, aberración, referidas a las parafilias, Giraldo Neira (26) propone la de conductas excepcionales, para sustituir incluso a denominaciones comunes en culturas pluralistas tales como "minorías sexuales o eróticas" y "variedades de la conducta".
Citando a Beach, este autor dice que las conductas excepcionales se adquieren por un proceso de aprendizaje en que ha habido sustitución de estímulos, es decir, no se obtiene la excitación por el estímulo esperado (la mujer o el varón), sino por otros estímulos "externos". A veces son la resultante de un bloqueo o condicionamiento negativo que impide el aprendizaje de las pautas de conducta culturales, a la vez que permite otro condicionamiento atípico o culturalmente desaprobado. "Serían conductas normales" -dice- "pero socialmente no aprobadas".
Esta denominación tampoco es aceptada para denominar a las parafilias. Podría aplicarse a conductas normales culturalmente desaprobadas.

5. Preferencias sexuales
Se refiere a las peculiaridades, opciones libres y no impuestas ni compulsivas, utilizadas para la obtención de placer sexual. Son las seudo-desviaciones o seudo-parafilias. Pero no denominan a las parafilias.

6. Variantes sexuales
El primer autor en utilizar esta denominación fue Freud para definir a la homosexualidad en su "Carta a una madre norteamericana". Fue utilizada por Marmor (35), ex Vicepresidente de la Asociación Psiquiátrica, en 1973, año en que la homosexualidad fue reclasificada por esta Asociación, excluyéndola de los "trastornos mentales". Este autor considera que la homosexualidad se trata de "una mera variante de las preferencias sexuales", y por tanto tampoco se trataría de una parafilia.
Bianco (7) parte del concepto de variante fisiológica a partir del estimulo y la respuesta. Interesa sobre todo el concepto de que la respuesta sexual se presentará siempre que el estímulo sea eficiente, y la variante está dada por el origen u objeto que estimula; fuente heterosexual, homosexual, zoofílica, fetichista, etcétera.
Así habría variantes fisiológicas sexuales que serían fundamentalmente tres: 1) De persona u objeto que activa el funcionamiento sexual; 2) De método para desencadenar la respuesta; 3) De frecuencia. Habría patología sólo cuando se da fijación, exclusividad o especificidad de estos parámetros.
Todo comportamiento, normal o parafílico, estaría encuadrado en una forma de variante fisiológica sexual de Objeto, de Estímulo o de Frecuencia. Habrían variantes normales y patológicas. Las parafilias serían variantes patológicas. Esta denominación posee la ventaja de un lenguaje descargado de significados valorativos.

7. Anomalías sexuales
Esta denominación fue propuesta por Ganon y Simon (24) en 1967, y está obsoleta, pero plantea una interesante diferenciación de las conductas sexuales. Para ellos, habrían tres tipos de anomalías sexuales:
  • Anomalías normales: Son socialmente reprobadas pero a su vez son muy comunes, rara vez están en abierto conflicto con el orden social y son útiles como complemento de las costumbres aceptadas. Serían conductas sólo moderadamente anómalas. Estos autores ubican entre ellas a la masturbación, las relaciones prematrimoniales, los contactos orogenitales heterosexuales, juegos anales, el sexo en presencia de otros, la promiscuidad y hasta las relaciones extramatrimoniales.
  • Anomalías subculturales y socialmente estructuradas: Son las conductas sexuales más categóricamente reprobadas por la sociedad y en conflicto con los modelos sociales. Entre ella se cuentan: el intercambio de pareja, el sexo grupal, la homosexualidad.
  • Anomalías patológicas: Aquí están ubicadas las conductas tales como el incesto, el contacto sexual con niños, el exhibicionismo, el voyeurismo, las injurias agresivas, el sadomasoquismo, la bestialidad, la urolagnia, la coprofilia y la coprofagia, el travestismo y la necrofilia. También incluía la transexualidad.

Dr. Andrés Flores Colombino
Médico Psiquiatra, Geriatra Gerontólogo y Sexólogo Clínico
Miembro del Advisory Committee de la World Association for Sexology (WAS)
Presidente de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y Educación Sexual (FLASSES), Fiscal de la Sociedad Uruguaya de Sexología.

BIBLIOGRAFIA
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sábado, 13 de noviembre de 2010

Adicción al sexo

Adicción al Sexo

El siguiente trabajo es de carácter investigativo en el tema tan controversial de la adicción al sexo, un fenómeno que no es nuevo, simplemente que en el devenir del tiempo ha tomado diversas facetas pero en su esencia es paralelo a las muestras de este trastorno en el mundo contemporáneo, que durante el proceso investigativo presentaremos las distintas opiniones y estudios científicos de eruditos al tema y destacados profesionales que se abocaron, al tratamiento y la recuperación de quien se ve afectado, y sobre todo de las graves consecuencias que trae tales como ruinas económicas, divorcios, problemas laborales, sufrimiento, ansiedad, depresión. Durante el rastreo bibliográfico nos convencimos que el titulo del trabajo es el más adecuado Adicción al Sexo: “Controversias”, ya en su denominación surge la misma: por qué adicción? o compulsión?, o trastorno obsesivo compulsivo?, impulsión?, parafilia?, promiscuidad?, edeomanía?, andromanía, satiriasis, furor sexual o ninfomanía? hipersexuaidad?, neurosis?, sexopatía?

domingo, 5 de septiembre de 2010

Parafilias


Una parafilia (del griego παρά, pará: ‘al margen de’, y φιλία, filía: ‘amor’) es un patrón de comportamiento sexual en el que la fuente predominante de placer no se encuentra en la cópula, sino en alguna otra cosa o actividad que lo acompaña. Y suceden principalmente porque la persona que las practica ya ha tenido una cantidad muy elevada de placer sexual, que llega un momento en que lo poco no la satisface y quiere más y más de aquella actividad para sentir el orgasmo o excitarse.
De este modo, cada vez necesita más de aquella actividad, aparte del coito, hasta que llega un punto en el que ésta se puede volver peligrosa o dañina no solo para quien la practica sino también para la gente que la rodea. Un buen ejemplo es la pedofilia, que es altamente nociva para los que la practican y para la sociedad en su conjunto.
Estas personas se caracterizan por el desorden en la capacidad de sentir y expresar afecto hacia otra persona que puede llegar a hacerse duradero y extremadamente difícil de reconducir.
Las consideraciones acerca del comportamiento considerado parafílico dependen de las convenciones sociales imperantes en un momento y lugar determinados. Ciertas prácticas sexuales, como el sexo oral o la masturbación, fueron consideradas parafilias hasta mediados del siglo XX, aunque hoy en día se consideran prácticas no parafílicas (siempre que la actividad del sujeto no se limite únicamente a ellas). Por ello resulta imposible elaborar un catálogo definitivo de las parafilias.
Una relación de parafilias que podemos encontrar útil es la siguiente:
  • Abasiofilia: Excitación ante parejas cojas.
  • Acomoclitismo: Excitación por los genitales depilados.
  • Acrofilia: Excitación con parejas muy altas.
  • Acrotomofilia: Excitación ante miembros amputados.
  • Actirastia: Excitación por la exposición a los rayos del sol.
  • Agonophilia: Excitación al simular una lucha con la pareja.
  • Agorafilia: Excitación por la actividad sexual o el exhibicionismo
  • en lugares públicos.
  • Agrexofilia: Excitación producida por el hecho de que la actividad sexual sea oída por otras personas.
  • Algofilia: Excitación producida por el dolor (diferenciado del masoquismo por la ausencia de componente erótico).
  • Alorgasmia: Excitación al fantasear durante el acto sexual con otra persona que no sea la pareja.
  • Alveofilia: Excitación por tener relaciones sexuales en una bañera.
  • Amaestramiento: Excitación al entrenar a una compañera sumisa para que sea obediente.
  • Amaurofilia: Excitación con una pareja sexual ciega o a la que se le han vendado los ojos.
  • Amelotasis: Excitación con personas a la que les falta algún miembro.
  • Amokoscisia: Excitación por el deseo de castigar a la pareja sexual.
  • Amomaxia: Excitación con una relación sexual dentro de un automóvil estacionado.
  • Analismo: Excitación al acariciar el ano o practicar coito anal.
  • Anastimafilia: Excitación por personas con sobrepeso.
  • Androginofilia: Excitación por personas andróginas, de aspecto masculino o femenino poco diferenciado.
  • Androidismo: Excitación con muñecos o robots con aspecto humano.
  • Andromimetofilia: Excitación sólo por las mujeres vestidas de hombres.
  • Anisonogamia: Excitación por una pareja sexual mucho más joven o mucho mayor.
  • Anofelorastia: Excitación al profanar objetos considerados sagrados.
  • Antolagnia: Excitación por oler flores.
  • Apotemnofilia: Excitación por la idea de ser amputado.
  • Asfixiofilia: Excitación por estrangulación erótica. Muy peligrosa por las muertes accidentales que produce.
  • Audiolagnia: Excitación tras escuchar a otros que se excitan con prácticas auto o heteroeróticas.
  • Autagonistofilia: Excita la creación de situaciones donde la persona pueda ser sorprendido accidentalmente desnuda o teniend alguna actividad sexual.
  • Autoabasiofilia: Excitación al estar o volverse cojo.
  • Autoasasinofilia: Excitación masoquista de ser asesinado.
  • Autoasesinofilia: Excitación sexual colocándose en situaciones en las que podrían acabar muertas.
  • Autoasfixiofilia: Practica de la asfixiofilia durante la masturbación.
  • Automisofilia: Excitación al ser ensuciado.
  • Autonepiofilia: Excitación por el uso de pañales y ser tratado como un bebé.
  • Axilismo: Practica del coito dentro de la axila de la pareja.
  • Basoexia: Excitación sólo producida por los besos.
  • Bastinado: Excitación propinando bastonazos en la planta de los pies de la pareja.
  • Belonefilia: Excitación con el uso de pinchos y agujas.
  • Biastofilia: Excitación asaltando a alguien contra su voluntad.
  • Blastolagnia: Persona atraída por mujeres muy jóvenes.
  • Candalagnia o candaulismo: Excitación viendo a la pareja copulando con otra persona.
  • Cateterofilia: Excitación sexual con el uso de algún tipo de catéter.
  • Chezolagnia: Sólo logra excitarse al masturbarse durante la defecación.
  • Ciprieunia: Excitación sólo con prostitutas.
  • Clastomanía: Excitación al arrancar y despedazar la ropa interior de la pareja.
  • Clismafilia: Excitación al inyectar líquido en la cavidad anal.
  • Coitolalia: Excitación producida al hablar durante el acto sexual.
  • Coprofagia: Excitación al comer heces.
  • Coprofemia o coprolalia: Excitación al decir obscenidades en público.
  • Coprofilia: Excitación observando cómo defeca otra persona o untándose excremento sobre el cuerpo.
  • Coreofilia: Excitación a través del baile erótico.
  • Crematistofilia: Excitación producida al pagar por sexo.
  • Criptoscopofilia: Excitación al contemplar a otras personas en la cotidianeidad de su hogar.
  • Cronofilia: Excitación de personas jóvenes al relacionarse con personas de más edad de ambos sexos.
  • Crurofilia: Excitación al ver y tocar las piernas.
  • Cyesolagnia: Excitación sexual con mujeres embarazadas.
  • Dendrofilia: Excitación al frotarse contra los árboles.
  • Dipoldismo: Excitarse propinando golpes en las nalgas a niños.
  • Disciplina: Excitación al ser obligados a hacer cosas humillantes.
  • Dysmorfofilia: Atracción hacia personas deformadas (mastectomizadas, jorobadas, etc..).
  • Ecdemolagnia: Excitación proveniente de viajar o estar lejos del hogar.
  • Ecdiosis: La excitación sólo se produce al desnudarse ante desconocidos.
  • Efebofilia: Excitación de una persona madura hacia un adolescente varón.
  • Electrofilia: Excitación al usar suaves choques eléctricos durante la práctica sexual.
  • Elefilia: Excitación por determinados tejidos.
  • Emetofilia: Excitación al vomitar.
  • Erotolalia: Excitación al hablar de sexo.
  • Escarificaciones: Excitación al marcar la piel objetos cortantes.
  • Escopofilia: Excitación al mirar abiertamente a otras personas en el acto sexual (no subrepticiamente como en el voyeurismo).
  • Estigmatofilia: Excitación ante tatuajes, agujeros o cicatrices en la piel.
  • Exhibicionismo: Excitación mostrando abiertamente algún comportamiento sexual en público.
  • Exofilia: Excitación sexual ante lo inusual o bizarro.
  • Falofilia: Excitación ante penes grandes.
  • Fetichismo travestista: Excitación al vestir ropas de mujer.
  • Flatofilia: Excitación ante el olor de los gases intestinales.
  • Formicofilia: Excitación con insectos o animales caminando sobre los genitales.
  • Fratrilagnia: Excitación con las relaciones sexuales incestuosas.
  • Froteurismo: Excitación al frotar los genitales contra el cuerpo de otra persona.
  • Gerontofilia: Excitación de jóvenes por un hombre de edad mucho mayor.
  • Gimnofilia o nudomanía: Excitación por la desnudez.
  • Ginemimetofilia: Excitación ante un hombre travestido.
  • Grafolagnia: Excitación ante fotos o cuadros eróticos.
  • Graofilia: Excitación de jóvenes por mujeres maduras.
  • Gregomulcia: Excitación por ser manoseado por una persona desconocida en una multitud.
  • Hebefilia: Atracción por niñas púberes.
  • Hematofilia: Excitación ante el derramamiento de sangre.
  • Hierofilia: Excitación ante las cruces.
  • Higrofilia: Excitación ante cualquier fluido corporal.
  • Hipnofilia: Excitación al contemplar personas dormidas.
  • Hirsutofilia: Excitación ante personas velludas.
  • Ignimasmanía: Excitación al excitar a un hombre para incitarlo a la masturbación.
  • Jactitafilia: Excitación por el relato de las propias hazañas sexuales.
  • Keraunofilia: Excitación por los rayos y truenos.
  • Knismolagnia: Excitación cuando la otra persona hace cosquillas.
  • Knisofilia: Excitación al oler incienso.
  • Lactafilia: Excitación por los pechos que amamantan.
  • Latronudia: Excitación por desnudarse ante el médico, fingiendo una dolencia.
  • Lectolagnia: La única excitación proviene de la lectura de textos de contenido erótico.
  • Masoquismo: Excitación por la propia humillación o sufrimiento físico (latigazos, pellizcos, patadas) o moral (humillación).
  • Se diferencia de la algomanía por la presencia del componente erótico.
  • Melolagnia: Excitación con la música.
  • Menofilia: Excitación por todo aquello que tiene que ver con el tema de la menstruación femenina.
  • Merintofilia: Excitación sexual provocada por estar atado.
  • Misofilia: Atracción sexual por la ropa sucia.
  • Morfofilia: Excitación ante personas con ciertas características físicas (sólo rubios, sólo gordas, etc.)
  • Moriafilia: Excitación provocada por chistes sexuales.
  • Nasofilia: Excitación ante una nariz de gran tamaño.
  • Necrofilia: Excitación sólo con cadáveres.
  • Ninfofilia: Atracción sexual de un adulto por una adolescente.
  • Nosolagnia: Excitación ante parejas con enfermedades terminales.
  • Odaxelagnia: Excitación al morder o ser mordido por la pareja.
  • Ofidiofilia: Excitación frente a reptiles.
  • Olfactofilia: Excitación por el olor de la transpiración, especialmente de los genitales.
  • Partenofilia: Excitación por las vírgenes.
  • Pediofilia: Excitación por las muñecas.
  • Pedofilia: Excitación por los menores.
  • Picacismo: Excitación sexual introduciendo alimentos en cavidades corporales para que la pareja los recupere con la boca.
  • Pigmalionismo: Excitación por estatuas o maniquíes desnudos.
  • Pigofilia: Excitación por el contacto con las nalgas.
  • Pigotripsis: Excitación por rozar o masajear las nalgas.
  • Pubefilia: Excitación producida al contemplar vello pubiano.
  • Pungofilia: Excitación al ser pinchado.
  • Quinunolagnia: Excitación sexual en situaciones de peligro.
  • Rabdofilia: Excitación al ser flagelado.
  • Renifleurismo: Excitación ante el olor de la orina.
  • Sadismo: Excitación al provocar dolor físico o humillación en la pareja.
  • Salirofilia: Excitación al ingerir la saliva de la pareja.
  • Sitofilia: Excitación con el uso de alimentos con propósitos sexuales (pepinos para masturbarse, por ejemplo).
  • Somnofilia: Acariciar y realizar sexo oral a una persona dormida hasta despertarla.
  • Triolismo: Excitación al observar a la propia pareja teniendo relaciones con una tercera persona.
  • Urofilia (urolagnia, ondinismo): Excitación con el uso de la orina durante en la práctica sexual o uso del sondaje en la uretra.
  • Voyeurismo: Excitación al observar sin ser visto el acto sexual de otras personas.
  • Xenofilia: Excitación ante personas de distintos países.
  • Zoofilia (bestialismo): Excitación solamente con animales.