sábado, 10 de mayo de 2014

IV Especialista en Terapia Sexual.

Psicologos Badajoz. Tlf 924030875: IV Especialista en Terapia Sexual. Por Psicólogos ...:






Se abre el periodo de matriculación del IV Especialista en Terapia Sexual (350H). Una acción formativa organizada por el Instituto de Psicología y Sexología con dos modalidades: Semipresencial y No Presencial.

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IV Especialistas en Terapia Sexual


sábado, 5 de abril de 2014

Aftersex, la nueva moda entre los jóvenes


La cultura del narcisismo contemporáneo


Autofoto después de mantener sexo (selfie aftersex) colgada en la red social Instagram por uno de sus usuarios.

La moda de los selfies aftersex, nacida hace escasas semanas en EEUU, ya ha tenido su réplica en casi todos los rincones del planeta. Se trata de una autofoto realizada tras haber mantenido relaciones sexuales, y que luego se comparte en las redes sociales, principalmente Instagram. Para los usuarios que cuelgan estos particulares selfies no va más allá que una costumbre como puede ser la del cigarrillo postcoital, aunque para los pocos psicólogos que, debido a la novedad de este fenómeno, se han acercado a ellos como objeto de estudio, coinciden en relacionarlo con un narcisismo de carácter patológico. 

La frecuencia con la que se cuelgan fotos en las redes sociales es proporcional al grado de narcisismo de cada uno, según un estudio de psicología social citado por Yves Michaud en su ensayo El narcisismo y sus avatares, publicado el pasado mes de marzo por Grasset. Sin embargo, no puede entenderse esta egolatría en los parámetros de antaño, sino en un contexto en el que la tecnología proporciona una multitud de espejos en los que mirarse y mostrarse a los demás, matiza el filósofo francés, autor de numerosas obras sobre estética y filosofía política.

La necesidad “loca” de exhibicionismo no tiene barreras hoy en día, ni siquiera en lo referente a cuestiones de la esfera más íntima, como el sexo, y es en este punto en el que se enmarcan los selfies aftersex. “Mostrar la vida sexual es un fenómeno generalizado hoy en día, nadie se siente escandalizado por ello y, a todas luces, revela una personalidad vacía”, añade Michaud. Para los menos atrevido existe también la modalidad aftersexhair, que como su propio nombre indica, consiste en mostrar el peinado, o más bien despeinado, que se luce tras una relación sexual. 

De la necesidad de compartir a la adicción por exhibir 

El filósofo Michel Foucault teorizaba los encuentros sexuales desde una perspectiva bien distinta y menos banal que la actual: "el sexo es aquello por lo que cada uno tiene que pasar para acceder a la totalidad de su cuerpo (alma) y de su identidad". Una descripción totalmente alejada de la realidad contemporánea, pues la identidad se refleja únicamente en el hecho de compartirla, no ya a la hora del café o tomando una cerveza con las personas más allegadas, sino con esa tropa de admiradores anónimos, o “amigos”, como se denominan en las redes sociales. 

El compartir ha dado paso al exhibicionismo, lo que pone de manifiesto el placer porque nos mire. Una necesidad de reconocimiento, que ni siquiera es grupal, y que caracteriza a las personas con una “personalidad débil, tremendamente inconsistente”, según Michaud. Un reconocimiento, lógicamente, superficial y que, además, es adictivo y, en ocasiones, hasta perverso. La multiplicidad de medios tecnológicos a nuestra disposición es indisociable de esta cultura narcisista contemporánea. 

El afán por mostrarse (“mira con quien me he acostado”, “estoy encantado”, “hemos tenido una noche loca”, por poner sólo algunos ejemplos), suele reflejar, en realidad, justo lo contrario a lo que se revela. Como explicaba en esta entrevista la periodista y escritora sueca Carina Bergfeldt, en Facebook se trasmite “la falsa percepción de que todo en nuestras vidas es bonito, cuando en realidad pasamos por una situación difícil”. 

Las consecuencias psíquicas del narcisismo patológico 

Cuanto peor sea el momento por el que estamos pasando, asegura Bergfeldt, más fotos colgaremos sonriendo y figurando que estamos pasándonoslo bien. Como dice el refrán: “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. Y la sabiduría popular rara vez se equivoca. 

La sociedad está mutando, las nuevas generaciones ya lo han hecho al amparo de la cobertura tecnológica que permite hinchar su ego, y las consecuencias se plasman en una menor capacidad emocional, relacional e, incluso, amorosa. Una triste paradoja. Cuanto más conectados estamos con los demás más nos alejamos de ellos y más nos imbuimos en nosotros mismos. 

El sexólogo Severio Tomasella, autor de Los amores imposibles, asocia esta nueva cultura con las crecientes dificultades de las parejas para establecer vínculos amorosos fuertes y duraderos. Pese a los cientos de “amigos” que se tienen en este tipo de redes, los lazos sociales son cada vez más débiles.

El efímero mundo de las redes sociales ha provocado que las relaciones se virtualicen, lo que también implica que se desvirtúen, por lo que “mucha gente descarga todas sus necesidades afectivas en una sola persona, la pareja”, explica el sexólogo galo. Como consecuencia de esta realidad, “cuando las cosas van mal, la separación es la salida más frecuente”, añade Tomasella. 

Sin límites a la intimidad 

Una incapacidad para superar los baches que, añade el sexólogo galo, antes era menor porque pasar tiempo con otras personas y tener un grupo de apoyo afectivo fuera de la pareja hacían todo más soportable. En esta línea, se explica el fenómeno del aumento de rupturas e infidelidades durante períodos vacacionales, en los que las parejas suelen convivir en solitario 24 horas al día. 

Sin duda, la tecnología, las redes y la interconexión permanente cuentan con una gran potencialidad para mejorar la eficiencia, propiciar la participación política, aumentar las habilidades personales y el conocimiento o desarrollar la inteligencia colectiva. Sin embargo, las tecnologías no son buenas o malas por sí mismas, sino que este juicio depende del uso que de ellas se haga. 

Para algunos psicólogos que se afanaron en analizar el famoso selfie de Ellen DeGeneres con los actores nominados a los Oscar, que eclipsó informativamente cualquier otro aspecto de la gala, esta moda puede ser una saludable práctica para los jóvenes más tímidos a los que normalmente les cuesta expresarse. Pero los aftersex o los aftersexhair han ido mucho más lejos. Y esto no ha hecho más que empezar. Una nueva cultura está en ciernes.


Autor: Ivan Gil
Fuente: El Confidencial

viernes, 14 de febrero de 2014

¿Cual es la diferencia entre sexo normal y sexo tántrico?



Hay dos tipos de clímax, dos tipos de orgasmo. Uno ya lo conoces. Llegas a la cúspide de la excitación y no puedes ir más lejos: ha llegado el final. La excitación alcanza un punto donde ya no es voluntaria. La energía te invade y sale. Te descargas, te aligeras. Expulsas la carga; puedes relajarte y dormir. Lo estás usando como si fuese un tranquilizante. 

Tu acto sexual y el acto sexual tántrico son básicamente diferentes. Tu acto sexual es para descargar; es como un buen estornudo. Expulsas la energía y aligeras el peso. Es destructivo, no es creativo. Es bueno, es terapéutico. Te ayuda a relajarte, pero nada más. 

El acto sexual tántrico es, básicamente, diametralmente opuesto y diferente. No se hace para descargar. Se hace para permanecer en el acto sin eyacular, sin expulsar toda la energía; para fundirse en el acto: al principio del acto, no al final. Esto transforma la cualidad, en conjunto, la cualidad es diferente. Intenta comprender estas dos cosas. 

Hay dos tipos de clímax, dos tipos de orgasmo. Uno ya lo conoces. Llegas a la cúspide de la excitación y no puedes ir más lejos: ha llegado el final. La excitación alcanza un punto donde ya no es voluntaria. La energía te invade y sale. Te descargas, te aligeras. Expulsas la carga; puedes relajarte y dormir. Lo estás usando como si fuese un tranquilizante. 

Es un tranquilizante natural: le seguirá un buen descanso, siempre que tu mente no esté agobiada por la religión. En ese caso, se destruye incluso el efecto tranquilizante. Si tu mente no está agobiada por la religión, el sexo podrá ser tranquilizante. Si te siente s culpable, hasta tu sueño se alterará. Te sentirás deprimido, empezarás a descalificarte y a jurar que ya no volverás a gozar. Después tu sueño se convertirá en una pesadilla. Si eres un ser natural y no estás demasiado agobiado por la religión y la moralidad, entonces podrás usar el sexo como un tranquilizante. Este es un tipo de orgasmo: llegar a la cúspide de la excitación. 

El tantra se basa en otro tipo de orgasmo. Si llamamos al primero un orgasmo cúspide, el orgasmo tántrico se podrá llamar orgasmo valle. En él no llegas a la cúspide de la excitación sino al valle más profundo de la relajación. Al principio, la excitación es necesaria para ambos. Por eso digo que al principio son iguales pero los finales son completamente diferentes. 

La excitación se usa para ambos: tanto si vas a la cúspide de la excitación como si vas al valle de la relajación. Para el primero, la excitación tiene que ser intensa, cada vez más intensa. Tienes que desarrollarte en él, tienes que ayudarlo a crecer hasta la cúspide. En el segundo, la excitación sólo es el principio. Después, una vez que el hombre ha penetrado, el amante y la amada se pueden relajar. No es necesario hacer ningún movimiento. Se pueden relajar en un abrazo cariñoso. Si el hombre o la mujer sienten que se va a perder la erección, sólo entonces se precisa movimiento. Pero después te vuelves a relajar. Puedes prolongar este profundo abrazo durante horas sin eyacular, y después los dos podéis dormir juntos profundamente. Esto -esto- es un orgasmo valle. Los dos están relajados y se encuentran dos seres relajados. 

En el orgasmo sexual corriente se encuentran dos seres excitados, tensos, llenos de excitación, intentando descargarse. El orgasmo sexual corriente parece una locura; el orgasmo tántrico es una meditación profunda, relajante. Quizá no os hayáis dado cuenta pero el hecho de que el hombre y la mujer sean fuerzas opuestas es biológico, bioenergético. Negativo-positivo, ying-yang o como quieras llamarlo, se excitan el uno al otro. Y cuando se encuentran en una meditación profunda se revitalizan. Ambos se revitalizan, se vuelven generadores, se sienten más vivos, están radiantes de nueva energía y no se pierde nada. Basta con encontrarte con el polo opuesto para que la energía se renueve. 

El acto sexual tántrico se puede repetir todas las veces que quieras. El acto sexual corriente no se puede repetir todas las veces que quieras porque pierdes energía, y tu cuerpo tendrá que esperar para volver a recuperarla. Y cuando la recuperes, la volverás a perder. Parece absurdo. Desperdiciar toda la vida en ganarla y perderla, ganarla y perderla: es como una obsesión. Lo segundo que hay que tener en cuenta es que tal vez lo hayas observado o tal vez no pero si te fijas, los animales nunca disfrutan del sexo. No disfrutan durante el coito. Fijaos en los babuinos, los monos, los perros o cualquier tipo de animal. Durante el acto sexual no están felices ni disfrutando, ¡no lo parece! Parece más un acto mecánico; es como si una fuerza natural les impulsara a hacerlo. Si alguna vez has visto a los monos durante el coito habrás visto que al terminar se separan. Si te fijas en sus caras no están extáticos, es como si no hubiese sucedido nada. Cuando la energía lo requiere, cuando es excesiva, la expulsan. El acto sexual corriente es exactamente así, pero los moralistas han estado diciendo lo contrario. Dicen: «No te abandones, no “disfrutes”.» Dicen: «Esto es lo que hacen los animales.» ¡No es cierto! Los animales jamás disfrutan; sólo el hombre puede disfrutar. Y cuanto más profundamente puedas disfrutar, más elevada será la humanidad resultante. Si tu acto sexual se puede convertir en un acto meditativo, extático, alcanzarás lo más elevado. Pero no te olvides del tantra: es un orgasmo valle, no una experiencia cumbre. ¡Es una experiencia valle! 

En Occidente, Abraham Maslow ha hecho muy famoso el término experiencia cumbre. Vas hacia la cumbre a través de la excitación y después caes. Por eso sientes una caída después del acto sexual. Es natural: estás cayéndote desde la cumbre. Jamás sentirás eso después de una experiencia de amor tántrico. Entonces no caerás. No puedes caerte porque estás en el valle, mejor dicho, estás ascendiendo. 

Después de un acto sexual tántrico, no has caído sino que has ascendido. Te sientes cargado de energía, más vital, más vivo, radiante. Ese éxtasis puede durar horas, incluso días. Sólo depende de la profundidad con que lo hayas realizado. Si empiezas a practicarlo, antes o después te darás cuenta que la eyaculación es una pérdida de energía. No es necesaria, a menos que necesites tener niños. Y con un acto sexual tántrico te sentirás profundamente relajado durante todo el día. Basta una sola experiencia tántrica para que te sientas relajado durante varios días, cómodo, en casa, no violento, no enfadado, no deprimido. 

Una persona así no puede ser un peligro para los demás. Si puede, ayudará a los demás a ser felices. Si no puede, al menos no hará infeliz a nadie. Solamente el tantra puede crear un nuevo hombre, y entonces crecerá el hombre que pueda conocer la eternidad, el no egocentrismo y la no dualidad con la existencia.

Publicado en: Sexlecciones
 

jueves, 13 de febrero de 2014

Merrymount: La colonia de la alegria




Los rumores del escándalo se diseminaron por Merrymount, incluyendo acusaciones de que se producían encuentros sexuales inmorales con mujeres nativas durante lo que se interpretaba como orgías paganas emborrachadas en honor de Baco y Afrodita. O como escribió con horror el gobernador puritano William Bradford en su historia Of Plymouth Plantation: "Ellos ... plantaron un May-pole, bebiendo y bailando a su alrededor juntos durante muchos días, invitando a las mujeres indígenas, a guisa de consortes, bailando y rozándose mutuamente y prácticas aún cosas más terribles. Como si hubieran revivido las fiestas de la diosa romana Flora, o las prácticas bestiales de las desenfrenadas Bacanales." En honor a la verdad Morton se había limitado a transplantar el May Day tradicional del West Country a la colonia, y combinarlo con un mito clásico apropiado, adobado de acuerdo a sus propios gustos libertinos, y potenciado por el entusiasmo de sus compañeros colonizados recientemente liberados.

Más información sobre el tema en: Wikipedia en ingles 
 

"El clítoris y sus secretos"

viernes, 7 de febrero de 2014

Fantasías sensuales




Las fantasías sexuales son representaciones mentales creadas por el inconsciente teniendo como tema principal las relaciones sexuales. Freud las definió como "representaciones no destinadas a ejecutarse". Se producen de forma voluntaria o involuntaria en nuestra mente. Si bien las fantasías sexuales son poco comentadas con otras personas, o no mencionadas en absoluto, son bastante comunes. Éstas comienzan con la pubertad y suelen acompañar al ser humano durante toda su existencia. A pesar de la popular creencia de que el varón es el que tienen mayor actividad sexual y por consiguiente más fantasías sexuales, se ha probado que hombre y mujeres fantasean al mismo nivel, solo que en diferente forma. Al encontrarse en nuestra imaginación, las fantasías sexuales pueden perder el efecto estimulante que tienen en caso de llevarse a la práctica.

sábado, 1 de febrero de 2014

Cuántas parejas has de tener antes de sentar la cabeza




Irse de picos pardos, monear, coquetear, ponerse el mundo por montera, ser un pendón, un juerguista, ir de cama en cama, de flor en flor, de puerto en puerto. Locuras, delirios, travesuras, escarceos de la juventud. Todos esos términos podrían traducir, según el contexto, lo que en inglés se dice to sow one wild’s oats, expresión que hace referencia a los comportamientos impulsivos y promiscuos que se adoptan en la juventud antes de sentar la cabeza.  

Douglas T. Kenrick, profesor de psicología social en la Arizona State University, reflexiona sobre los distintos matices que esta actitud ha ido tomando a lo largo de los años, a raíz de un artículo publicado recientemente en Personal Relationships. 

¿Un cumplido o un insulto? 

Efectivamente, cabe preguntarse si esa actitud juvenil suele ser referida como algo positivo o negativo. Kenrick, a partir del citado artículo elaborado por Dean M. Busby, observa cómo inicialmente esas expresiones tenían una connotación negativa. Cabe añadir que, al menos en España, era mucho más negativa si se hablaba de mujeres que si se hablaba de hombres. Pero, en general, andar por ahí de picos pardos, de una cosa a la otra, en un constante picoteo juvenil no auguraba nada bueno: o bien eras fulana o no eras un hombre de provecho. 

No obstante, Kenrick apunta que el comportamiento se vislumbra de manera positiva, ya que se considera casi necesario para la juventud el disfrutar de una cierta promiscuidad y de comportamientos impulsivos y hedonistas antes de sentar la cabeza y adquirir responsabilidades y compromisos adultos. 

Dos visiones psicológicas 

Busby y sus compañeros señalan lo que resume Kenrick como dos interpretaciones distintas, dos teorías psicológicas opuestas sobre los efectos de la promiscuidad premarital. 

Por un lado, se considera que la experiencia sexual previa es útil, ya que los encuentros anteriores le otorgan a la pareja un marco de referencia según el cual juzgar la compatibilidad entre ambos. Por otro lado, se observa que las relaciones estables son mejores cuando hay exclusividad sexual. Se ve a estas personas más capaces de basar su compromiso en la valoración cuidadosa de su compenetración con la otra persona, en lugar de verse influidos por el cóctel hormonal que suele acompañar al sexo. 

Para probarlo, los investigadores recopilaron datos de 2.659 personas que respondieron a diferentes preguntas sobre su edad, su educación, su religiosidad y la duración, la estabilidad y la satisfacción de su relación vigente. Además, unificaron todos estos aspectos bajo una pregunta que ellos consideraban clave: “¿Con cuánta gente has tenido relaciones sexuales hasta la fecha, incluyendo tu pareja actual?”. 

Según los resultados, un mayor número de parejas sexuales implicaba relaciones menos estables y también menos satisfactorias. 

Posibles interpretaciones 

Hay varias explicaciones plausibles para estos resultados, explica Kenrick. Se puede considerar, simplemente, que la promiscuidad es directamente nociva para una relación estable. Las relaciones cortas pueden llevarnos a sobrevalorar los placeres sexuales, que suelen ser más intensos en la fase inicial. O quizás pueden hacernos pensar que encontrar a otra pareja será sencillo, por lo que abandonamos en cuanto la cosa se pone complicada. No obstante, no es ésta la única interpretación posible. 

La personalidad, por supuesto, también influye. Normalmente, alguien que ha tenido muchas experiencias sexuales es más extrovertido o simplemente más atractivo para el sexo contrario que alguien que ha sido menos promiscuo. Las habilidades sociales, la seguridad, la capacidad para socializar… Todo ello influye, y poco tiene que ver con una concepción más o menos ética de si “irse de picos pardos” está bien o está mal. Es decir, en muchas ocasiones quien no ha sido promiscuo no lo ha sido porque no ha podido (por su carácter, por su situación), no porque no haya querido. Del mismo modo, hay quien pudiendo no se ha visto atraído por la constante sustitución de sus interlocutores sexuales y, aunque las imposiciones sociales nos digan lo contrario, tampoco parece que haya nada malo en no tener sexo si a uno no le apetece. 

También alude Kenrick al hecho de que puede haber gente que tenga numerosas parejas debido a que nadie se quede enganchado a ellos, y en tal caso la promiscuidad es más una maldición que un comportamiento buscado. 

En general, Kenrick considera que el número de parejas previas a la relación actual tiene muy poca influencia en ésta. La satisfacción y la estabilidad de una relación depende más de la personalidad, la situación, los objetivos de ambas personas… que de cómo se hayan desenvuelto éstas en relaciones previas (lo cual dice, a menudo, muy poco de cómo es uno realmente: recordemos que el sexo es cada vez más social y que no hay quien no actúe en parte movido por la presión de sus pares). No parece raro que la conclusión no se desprenda directamente de los resultados del sondeo porque, precisamente porque la promiscuidad es vista como algo a veces negativo y a veces positivo, ¡cuántos de los encuestados no sumarían o restarían participantes a su lista –¿la llevarán escrita en la cartera?— de pasados amantes!

Escrito por: Marta Jiménez Serrano y publicado en: El Confidencial

sábado, 25 de enero de 2014

Tigresas blancas: las diosas del sexo oral


Mujeres taoístas que intentan alcanzar la inmortalidad espiritual practicando felaciones. No es el argumento de una película porno, es la filosofía de una sociedad secreta que, según muchos, todavía existe. 



El universo de las filosofías –en su mayoría orientales– que contemplan el sexo como algo más que un sistema de reproducción de la especie o de disfrute personal está lleno de fascinantes teorías, asombrosas doctrinas y curiosos personajes y seguidores. Si hubiera que elegir alguna de ellas por su originalidad y misterio habría que hablar de las Tigresas Blancas, una sociedad secreta taoísta formada exclusivamente por mujeres, cuyo objetivo es restaurar su juventud y conseguir la iluminación a través del sexo, ya que la energía sexual, según creen, es la más poderosa de todas las que dispone el ser humano. 

Existe todo un protocolo y unas fases para hacerse tigresa blanca y su principal actividad es practicar el mayor número de felaciones posibles, porque esta es la manera más rápida y eficaz de absorber la energía sexual masculina. Su nombre hace referencia al tigre, el símbolo de la mujer y del yin. Las hembras de esta especie deben copular más de cien veces para quedarse preñadas, ya que necesitan una cantidad superior de esperma al de otros animales, por eso se dice que tienen una gran capacidad de seducción, ya que deben atraer a muchos machos. El color las relaciona con los tigres blancos, muy poco comunes, nada convencionales y solitarios, como las integrantes de este colectivo. 

Cuando una habla de esta sociedad no sabe muy bien que tiempo verbal utilizar, porque aunque se cree que tuvo su origen en la época del Emperador Amarillo (2.500 a.c.) en China, su estado actual se desconoce totalmente. ¿Existen todavía?, ¿cuántas tigresas blancas quedan en la actualidad? Son preguntas sin respuesta que acrecientan la leyenda y el interés por esta sociedad secreta. Valérie Tasso trató de contactar con alguna de estas mujeres cuando escribía El otro lado del sexo (Plaza Janés), libro en el que habla de estas discípulas taoístas, además de otros temas, pero sus esfuerzos no fueron recompensados y solo descubrió a Jade Lee, escritora americana de origen chino de novela erótica, que cuenta con una serie de libros –La tigresa blanca, La tigresa ardiente, la tigresa arrinconada (Leisure Books)– inspirados en esta hermandad secreta. 

El único documento fiable sobre este colectivo lo constituye el libro Enseñanzas sexuales de la tigresa blanca: los secretos de las maestras taoístas, de Hsi Lai (Obelisco), publicado en España en 2003. El autor, un experto en taoísmo, pudo introducirse en este mundo gracias a que alguien le puso en contacto con Madame Lin, la matriarca de un distinguido linaje de tigresas blancas, quien le reveló algunos de los muchos protocolos y métodos que utilizan estas mujeres para conseguir sus fines. Las conversaciones tuvieron lugar en 1986 en Taipei y, por aquella época todavía existían, según cuenta el autor, grupos de estas mujeres en Taiwan, Japón, Tailandia, Hong Kong, Corea y EEUU. 

La leyenda afirma que si se siguen los métodos de este grupo, una mujer puede rejuvenecer entre cinco y quince años. Este colectivo rechaza la cirugía estética y recurre a métodos naturales para mantenerse joven. Sus prácticas tratan de imitar el comportamiento sexual de las adolescentes, ya que el sexo debe tener esa parte lúdica de la primera juventud, cuando hay una excitación y exploración sin límites. Lo que ocurre es que con los años, la mayor parte de la gente pierde este espíritu y entonces empieza a envejecer. Las tigresas blancas tratan de alimentar constantemente el deseo y eso es lo que les permite retrasar al máximo la menopausia. Muchas, se dice, la hacen hasta desaparecer (¿?). Pero obtener una buena condición física y engañar al reloj biológico ni es el fin último de una tigresa, sino un requisito para poder poner en práctica enseñanzas más avanzadas. Como en el yoga o las artes marciales, primero se trabaja el plano físico para luego, pasar al ámbito de lo espiritual. 

El Imperio de los Sentidos. FOTO: CORDON PRESS.


Convertirse en una tigresa blanca es un proceso laborioso que requiere de nueve años, divididos en tres periodos de tres años cada uno. En el primero, llamado de restauración, se trata de retrasar el envejecimiento, al mismo tiempo que se tienen el mayor número posible de contactos sexuales con hombres para practicarles la felación y aprovechar los múltiples beneficios de la energía sexual. Los otros dos periodos: de conservación y de refinamiento, se dedicarán a acumular el chi (energía vital) y a refinar el shen (espíritu y conciencia), respectivamente. 

La tigresa blanca es un ser solitario y no tiene pareja estable. Dispone de amantes con los que se ve, única y exclusivamente, para practicar el sexo, llamados dragones verdes. Antiguamente, la mayor parte de las tigresas no trabajaban y se buscaban un mecenas que pudiera mantenerlas durante los duros años de prácticas, a esta figura se la conoce como Dragón de Jade y también se beneficia de los avances y conocimientos de la tigresa. Estos dos personajes no suelen vivir juntos y, si lo hacen, solo tienen relaciones sexuales una vez por semana. El Dragón de Jade presencia, sin ser visto, las felaciones de su tigresa pero no puede masturbarse ni eyacular y hay todo un reglamento que define minuciosamente como debe ser la relación entre una tigresa y un dragón de jade. Como dice el libro de Hsi Lai, “según la tradición popular china, el tigre es el animal más dominante de la tierra. Su homólogo, el dragón, es considerado el animal más dominante del cielo. En sentido metafórico, siempre están luchando entre sí, intentando dominarse el uno al otro. Cuando sin embargo se unen y entremezclan en un éxtasis lleno de dicha, alcanzan la armonía suprema”. 

Ante la pregunta de por qué esa fijación de las tigresas con la felación, habiendo tanta variedad de prácticas sexuales, hay varias respuestas. Primero porque nos devuelve a la fase bucal tan propia de la infancia, en la que la boca es nuestro órgano de exploración primordial. El sexo oral aumenta la circulación sanguínea en la cara del que lo practica, además de poner en funcionamiento un montón de músculos faciales, que generalmente no utilizamos. Se coge aire por la nariz y no por la boca, que es como deberíamos respirar siempre, y se segregan varias sustancias muy beneficiosas: saliva, líquido seminal –el que se expulsa antes de la eyaculación- y semen. De las propiedades de este primer fluido se habla en el libro de Hsi Lai: “Según el departamento de biomedicina del King’s College de Londres, la saliva extrae del cuerpo, a través de sus glándulas, altas concentraciones de proteínas, calcio, potasio, cloro y sodio, es decir, unos elementos básicos para la nutrición y desarrollo humanos. En sí, la saliva no proviene del agua sino que es un producto del metabolismo de una proteína llamada urea. Lo más importante de las glándulas salivales es que, mediante un proceso de ósmosis, literalmente extraen dichos nutrientes del cuerpo y los redistribuyen por él“. 

El líquido seminal, llamado también lágrimas de dragón por los taoístas, se cree que ayuda a que la mujer recupere su juventud y vitalidad. Las propiedades del semen, de todos conocidas, son también muy valiosas. Sin embargo las tigresas nunca se lo tragan, sino que se lo esparcen por la cara y los pechos a modo de mascarilla de belleza, ya que se cree que ayuda a mantener la piel tersa y sin arrugas. “Mediante el coito, la mujer concibe un hijo carnal. Mediante el sexo oral, vuelve a engendrar las tendencias de su niñez”, dice el Manual de la Tigresa Blanca, un libro muy antiguo que recoge la filosofía de este grupo y que Madame Lin, dejó ojear a Hsi Lai para que escribiera su obra. 

FOTO: CORBIS.


La promiscuidad de las tigresas se explica también en el manual anterior, en la siguiente sentencia, “Un encuentro furtivo, clandestino y apasionado con un extraño fuera del hogar reporta más beneficios que hacerlo cien veces tranquila y relajadamente en casa con la pareja”. Evidentemente, si lo que se busca es la excitación, la aventura y el juego, variar de partenaire resultará esencial para este propósito. Conseguir 'dragones verdes', es decir amantes, es una de las principales tareas de estas mujeres, que despliegan –a su juicio– dos armas infalibles para tal fin: la sumisión y el exhibicionismo. Claro que la primera cualidad hay que entenderla al modo oriental –me hago la complaciente, aunque en el fondo soy yo quien lleva las riendas– y no a la manera occidental –soy tu esclava y no pinto nada–. En el libro de Lai, Madame Lin compara la sumisión con “un vaso vacío dentro del cual se pueden introducir nuevas experiencias y sabiduría”, y continúa, “la sumisión es el estado más natural y beneficioso en el que puede sumirse una mujer, ya que el hecho de someterse es la forma más poderosa de dominar al otro”. La práctica misma de la felación puede ser vista por muchos como un acto, un tanto servil, de la mujer hacia el hombre. Sin embargo, ¿quién tiene en realidad el poder cuando el miembro de él está en la boca y entre los dientes de ella? 

La otra herramienta para conseguir dragones verdes es el exhibicionismo, y en esto las tigresas son grandes maestras, eligiendo ropa provocativa y aprovechando cualquier circunstancia para activar el deseo. Físicamente casi todas comparten, o al menos compartían antiguamente, ciertos rasgos: una melena infinita que no pueden cortar, labios rojos y carnosos, uñas largas y pintadas, pubis afeitado y cintura muy estrecha. Entre sus muchas practicas están los ejercicios para conseguir una cintura de sauce, que combinados con los de flexibilidad y yoga permiten a algunas tigresas hacerse un cunnilingus a ellas mismas. Otra de las principales preocupaciones de estas taoístas es mantener una buena salud y un fuerte sistema inmunológico para evitar coger enfermedades de trasmisión sexual. Según cuenta el libro de Lai esto se consigue mediante automasajes, la practica del kung fu, dieta especializada, preparados a base de hierbas que curan y previenen enfermedades o ejercicios de yoga. Hay una practica muy sencilla, al alcance de todas, que consiste en meterse un pepino por la vagina o por la boca para prevenir infecciones. El zumo de este vegetal es muy ácido y la mayor parte de los virus no pueden sobrevivir en un medio con un elevado nivel de acidez. 

Aunque la felación es la actividad sexual más productiva para estas mujeres, no rechazan otras, que practican, eso sí, en contadas ocasiones como el sexo anal, en grupo (en el que solo puede haber una mujer) y los azotes en las nalgas, “porque despiertan y reavivan las terminaciones nerviosas que hay en los glúteos” según Lai. Muchas de estas discípulas son bisexuales ya que así pueden aplazar sus encuentros con los dragones verdes y comprender mejor lo que puede experimentar un hombre cuando está en compañía de una mujer. 

A lo largo de la historia las tigresas blancas han sido despreciadas por casi todas las ideologías. El taoísmo más moralista las tachó de prostitutas. El confucionismo, patriarcal hasta la médula, consideraba a las mujeres como meros medios para conceder hijos varones a los hombres. La revolución de Mao, en 1949, arrestó a miembros de distintos grupos de cultos sexuales, entre ellos a Madame Lin, que pasó un breve periodo en prisión. Mao era un líder decente y moralista e ilegalizó la tenencia de concubinas, consortes o cortesanas para ganarse el apoyo del pueblo, aunque esta regla no contaba para él, cosa que la mayoría no supo hasta después de su muerte. Este rechazo general fue lo que provocó el enorme secretismo de esta organización y la simpatía, que muchos le profesamos.


Publicado en: El País


lunes, 20 de enero de 2014

Hay que tener un amante


Publicado originalmente en: La Brújula del Cuidador

Muchas personas tienen un amante y otras quisieran tenerlo. Y también están las que no lo tienen, o las que lo tenían y lo perdieron. Y son generalmente estas dos últimas, las que vienen a mi consultorio para decirme que están tristes o que tienen distintos síntomas como insomnio, falta de voluntad, pesimismo, crisis de llanto o los más diversos dolores. 

Me cuentan que sus vidas transcurren de manera monótona y sin expectativas, que trabajan nada más que para subsistir y que no saben en qué ocupar su tiempo libre. En fin, palabras más, palabras menos, están verdaderamente desesperanzadas. 

Antes de contarme esto ya habían visitado otros consultorios en los que recibieron la condolencia de un diagnóstico seguro:”Depresión” y la infaltable receta del antidepresivo de turno. Entonces, después de que las escucho atentamente, les digo que no necesitan un antidepresivo; que lo que realmente necesitan, ES UN AMANTE

Es increíble ver la expresión de sus ojos cuando reciben mi veredicto. Están las que piensan: ¡Cómo es posible que un profesional se despache alegremente con una sugerencia tan poco científica!. Y también están las que escandalizadas se despiden y no vuelven nunca más. 

A las que deciden quedarse y no salen espantadas por el consejo, les doy la siguiente definición: Amante es: “Lo que nos apasiona”. Lo que ocupa nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos y es también quien a veces, no nos deja dormir. Nuestro amante es lo que nos vuelve distraídos frente al entorno. Lo que nos deja saber que la vida tiene motivación y sentido. 

A veces a nuestro amante lo encontramos en nuestra pareja, en otros casos en alguien que no es nuestra pareja. También solemos hallarlo en la investigación científica, en la literatura, en la música, en la política, en el deporte, en el trabajo cuando es vocacional, en la necesidad de trascender espiritualmente, en la amistad, en la buena mesa, en el estudio, o en el obsesivo placer de un hobby…En fin, es “alguien” o “algo” que nos pone de “novio con la vida” y nos aparta del triste destino de durar. 

¿Y qué es durar? – Durar es tener miedo a vivir. Es dedicarse a espiar como viven los demás, es tomarse la presión, deambular por consultorios médicos, tomar remedios multicolores, alejarse de las gratificaciones, observar con decepción cada nueva arruga que nos devuelve el espejo, cuidarnos del frío, del calor, de la humedad, del sol y de la lluvia. Durar es postergar la posibilidad de disfrutar hoy, esgrimiendo el incierto y frágil razonamiento de que quizás podamos hacerlo mañana. 

Por favor no te empeñes en durar, búscate un amante, se vos también un amante y un protagonista… de la vida. Pensá que lo trágico no es morir, al fin y al cabo la muerte tiene buena memoria y nunca se olvidó de nadie. 

Lo trágico, es no animarse a vivir; mientras tanto y sin dudar, búscate un amante… 

La psicología después de estudiar mucho sobre el tema descubrió algo trascendental: 

“Para estar contento, activo y sentirse feliz, hay que estar de novio con la vida”. 

Jorge Bucay

domingo, 19 de enero de 2014

Las 6 profesiones más infieles




Aunque la infidelidad no se condiciona por la profesión que la persona desarrolle, el exceso de trabajo, el tiempo que se pasa en la oficina, el riesgo por vivir nuevas aventuras, los viajes y el estado de ánimo, sí condicionan que se pueda presentar una infidelidad. Estos son los profesionales más adúlteros. 

  1. Médicos, enfermeras y paramédicos Las largas jornadas laborales y el estrés hacen que estas personas se acerquen más. Además, los turnos en la noche propician un panorama ideal para una aventura. Según la encuesta, estas infidelidades suceden en un 37% con compañeros de trabajo y en un 25% con pacientes. 
  2. Profesores universitarios Cada vez es más frecuente la idea del estudiante de estar con un profesor experimentado. Ellos están en el segundo lugar del ránking con el 18%. 
  3. Pilotos y azafatas Su trabajo impide que pasen largos periodos de tiempo con su familia o sus parejas. En consecuencia, su vida sexual suele ser irregular. 
  4. Psicólogos Esta profesión hace que los pacientes se sienta comprendidos y a su vez atraídos por sus doctores, quienes muchas veces también logran entablar vínculos afectivos. 
  5. Abogados y secretarias Largas reuniones y no disponer de un horario determinado pueden incitar a la atracción y los juegos en la oficina. 
  6. Profesionales de los medios de comunicación Escritores, periodistas, fotógrafos, diseñadores, productores, camarógrafos y otras personas relacionadas con este tipo de trabajo pueden ser más vulnerables, pues comparten con otras personas diferentes escenarios y viajes durante mucho tiempo. 

En este orden de ideas, el portal de infieles también menciona en la lista a los militares, los músicos, los vendedores, los modelos, los barman y los deportistas como posibles adúlteros.